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sábado

9: LOS BIENAVENTURADOS

En la entrada "LA JAULA DE LOS MONOS", ya expliqué la honda impresión que me causó leer, con apenas dieciocho años, la biografía de Hitler que escribió el historiador Allan Bullock.

Luego he leído otros muchos libros relacionados con Hitler... como el que se aficiona a las comidas picantes y cada vez necesita recetas más potentes...

Citaré, como ejemplo, la biografía de Himmler, con sus más de mil páginas, escrita por Peter Padfield... o las memorias de Albert Speer... o el demoledor informe del periodista Richard Rhodes, publicado con el título "Amos de la muerte".

Tras haber leído cientos de libros centrados en la Alemania nazi, tuve que rendirme a una inesperada evidencia: era imposible que todos tuviesen razón. 

En un libro me encuentro con que Hitler era un vegetariano de lo más estricto, que no probaba una gota de alcohol y que odiaba a muerte el olor del tabaco y en otro me cuentan que tras la ocupación de Checoslovaquia, Hitler, cómodamente instalado en el mejor hotel de Praga, celebró el éxito de la operación cenando jamón, bebiéndose dos jarras de cerveza y fumándose un puro.  

Un libro me informa de que las tropas soviéticas, tras ocupar Berlín y tras localizar el búnker de la Cancillería, encontraron el cadáver de Hitler semienterrado en el patio junto al cadáver de una mujer y que ambos estaban parcialmente carbonizados. Otro me informa de que el cadáver de Hitler fue encontrado junto a la puerta de la cocina, vestido con ropa que parecía de camarero y con un disparo en la frente.

En un libro dan por bueno que Hitler acometía los proyectos militares con mentalidad de ingeniero, fiándose únicamente de los datos, de las cifras, de las mediciones, de los cálculos... y en otro que no emprendía proyecto alguno sin comprobar antes la idoneidad astrológica de la fecha elegida, sin comprobar que las fases lunares y las posiciones de los planetas augurasen el éxito.

En un libro leo que los alemanes no dedicaron ni medio segundo a la tecnología nuclear (o atómica) y en otro leo que en 1943 ya tenían un reactor de uranio funcionando y estaban trabajando en los planos de un submarino enteramente eléctrico que pudiese funcionar con ese reactor en sus entrañas. 

En un libro leo que Hitler y Eva Braun se conocieron en 1940 y en otro leo que ya eran pareja en 1928. En uno leo que Hitler sobrevivió al atentado de 1944 y en otro leo que murió y fue sustituido por un doble. En uno leo que no había nadie que se le pareciese lo suficiente como para ser su doble y sustituirlo y en otro leo que llegó a tener más de diez dobles y que tres de ellos se le parecían hasta el más mínimo detalle: corpulencia, rasgos, voz, gestos...

¡Todos no pueden tener razón!

En primer lugar, elaboré una lista de incongruencias. En segundo lugar, busqué periódicos de la época. En tercer lugar, vi un montón de documentales. Y, al final, hice lo que hago siempre cuando un asunto me agobia y me obsesiona: lo convierto en una novela.

Esta vez, el proceso de transmutación alquímica (la obsesión se transmuta en novela como el hierro se transmutaba en oro) ha sido muy lento. Lo ha sido porque he tardado mucho (años, décadas) en encontrar "la voz del narrador".

Tenía en mente la historia que quería narrar, pero no encontraba al personaje adecuado para narrarla.

Pensé en inventarme unas "Memorias de Bormann" y que alguien las encontrase accidentalmente en el transcurso de unas obras.

Pensé en la posibilidad de que la novela estuviera escrita en primera persona y "la voz narradora" fuese la del propio Hitler.

Pensé en la posibilidad de que "la voz narradora" fuese Eva Braun.

Escribí muchos borradores que acabaron en la papelera...  

Y un día, mientras pensaba en otros asuntos, mi subconsciente me recordó algo que dice Joseph Goebbels en sus memorias: "Aunque no le hacían otra cosa que no fuese verdura hervida, sopas vegetales y pasta hervida con salsa de tomate, Hitler no escatimaba elogios para sus cocineras. Hoy estaba todo riquísimo, solía decirles. Y cuando hacían pasteles, Hitler aplaudía como un chiquillo."

Una cocinera... y la bombilla se encendió dentro de mi cabeza... y escribí "LOS BIENAVENTURADOS" de tirón, en un trimestre.

¿Te animas a leerla?



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LOS BIENAVENTURADOS en Amazon



Y en la página calameo, puedes leer las 50 primeras páginas.






miércoles

6: LOS CISNES INTENTAN DECIRNOS ALGO

(I)

    Existe un tipo de novela que a mí me gusta resumir en la expresión “Nos presentan al protagonista y le empiezan a pasar cosas”. 
La mayoría de las novelas que alcanzan grandes cifras de ventas son de este tipo, al que en modo alguno estoy menospreciando. Y si se me pide un ejemplo a bocajarro, citaré “La isla del tesoro”, de Robert Louis Stevenson, con un primer capítulo tan rematadamente genial que ha pasado a formar parte del imaginario colectivo de la humanidad: hasta los que jamás han leído a Stevenson pueden imaginarse al viejo bucanero llegando a la posada del almirante Benbow y hasta los abstemios más incorruptibles saben cantar su canción marinera... 

“Quince hombres sobre el cofre del muerto, ron, ron, ron, la botella de ron. Sigue bebiendo y el diablo hará el resto, ron, ron, ron, la botella de ron.”


En la literatura moderna podemos encontrar otro maravilloso ejemplo de este tipo de novela: las aventuras de Harry Potter, de J.K. Rowling. 
La autora comienza presentándonos al protagonista — lo hace con verdadera maestría — y nada más conocerlo le empiezan a pasar cosas, algunas muy raras; después, a lo largo de tres mil páginas, le pasarán muchas más.

     Al lado de este gran protagonista al que conocemos nada más empezar la novela, y que en parte sería el equivalente del caballero medieval, suele haber una variante de escudero que le sirve de contraste, de contrapunto; así, el utópico don Quijote tiene a su lado al realista Sancho, el maduro Guillermo de Baskerville lleva pegado como una lapa el novicio Adso, el correoso Batman se endurece aún más por contraste con su antítesis, el infantil Robin, y — ¿cómo olvidarme del mejor ejemplo de todos? — el astuto Sherlock Holmes siempre puede contar con la amable camaradería del ingenuo Watson.


En el caso de Potter, su autora no se conforma con un protagonista heroico y un escudero torpón (aunque Ron Wesley desempeña hasta cierto punto ese papel y en buena medida es comparable al cándido y crédulo doctor Watson), sino que se inventa una galería de personajes muy amplia y muy cuidada, entre los que destaca Hermione Granger, figura femenina que en el primer libro empieza pareciendo una especie de Pepito Grillo engreído y en el séptimo acaba siendo una mujer auténtica, de carne y hueso, con defectos y virtudes, lo que demuestra la solidez del personaje.



     (II)

     Pero existen otras novelas que en mayor o menor medida se rebelan contra ese esquema. Así, por poner un ejemplo muy obvio, “Abbadon, el exterminador”, ópera magna de Ernesto Sábato, tiene poco o nada que ver con “El narrador nos presenta al protagonista y luego nos cuenta las peripecias por las que atraviesa, y además nos las cuenta por orden”.
En este segundo tipo de novelas — citaré unas pocas: Rayuela, de Julio Cortázar; Ulises, de James Joyce; La casa de hojas, de Mark Danielewski; El mecanógrafo, de Javier García Sánchez; El otoño del patriarca, de Gabriel García Márquez; ­El proceso, de Franz Kafka; En busca del tiempo perdido, de Marcel Proust; La colmena, de Camilo José Cela; El ruido y la furia, de William Faulkner; La vida instrucciones de uso, de George Perec— el lector se ve obligado a un mayor esfuerzo: no sólo debe imaginar en su pantalla mental la historia que el autor le presenta, sino que además debe montarla, ordenarla, hilvanarla, construirla; debe identificar personajes que a veces son esquivos, a veces no tienen nombre, a veces son imaginarios; personajes que van y vienen, entran y salen, son y no son; debe reescribir por sí mismo la novela que el autor le ofrece fragmentada, rota, inconclusa, esparcida, revuelta con otras diferentes, difuminada, huidiza.
Esto, pienso yo, no es mejor ni peor, no es defecto ni es virtud... pienso que es un reflejo de cómo el autor percibía el mundo en el momento en que se puso a escribir.

Isaac Asimov, por ejemplo, tenía una cabeza extremadamente bien ordenada. Como su biografía. Como sus apuntes de Química. Como sus ensayos. Como sus novelas. Todo está narrado en orden.
A Ernesto Sábato, a lo largo de su vida, le dio tiempo a ser comunista y anticomunista; le dio tiempo a ganarse un doctorado en Física Matemática, llegando a trabajar en los laboratorios Curie, para luego renegar de la ciencia y abandonarla por completo; le dio tiempo a formar parte de una comisión investigadora de crímenes y a sumergirse en expedientes abominables sobre torturas y desapariciones; le dio tiempo a experimentar en sus carnes la más extrema pobreza, durmiendo envuelto en periódicos en el París de los 40, para luego asentarse en un hogar de economía saneada y en la vejez acabar eligiendo una vida retirada y solitaria en medio de la pampa infinita. 
¿Cómo van a ser sus novelas un prodigio de orden, como las de Asimov?
No, no pueden serlo. No pueden serlo porque la obra siempre acaba reflejando — aunque a veces lo haga de formas retorcidas y alambicadas — lo que el autor siente ante el universo.
Y Sábato sentía esa terrible ruptura a la que se refería con su frase: 

No necesitan escribir novelas los tigres, que son carne pura, ni necesita escribir novelas un espíritu puro; lo necesitamos nosotros, que somos carne y somos espíritu y sabemos que somos algo, sí, pero no sabemos qué.”

No estoy menospreciando las novelas de Harry Potter o las aventuras de Sherlock Holmes o la Trilogía de Trántor, Dios me libre de semejante tontería. Pero invito a quien lea esta reflexión a vivir la experiencia, si no lo ha hecho nunca, de “enfrentarse” a alguna de estas novelas que reflejan (la frase no es mía) “la radical desorientación del hombre moderno ante el universo”. Novelas que obligan a un ejercicio mental que empieza siendo frustrante y acaba siendo curativo, como esos jarabes tan amargos que nos daban a los críos en la década de los 60.

(III)

    Hay un tercer tipo de novelas. A mí me gusta llamarlas novelas-baúl, aunque reconozco que la denominación no es perfecta. Novelas que son como esas muñecas rusas que llevan otra en su interior, y otra, y otra...
Así, por ejemplo, lees “El círculo de Jericó”, de César Mallorquí, y dentro te encuentras “El rebaño”, “El hombre dormido”, “La pared de hielo” y (posiblemente la mejor) “La casa del doctor Pétalo”, entre otras novelas cortas, ensambladas todas en un mismo andamiaje.
O lees el Decamerón y en su interior te encuentras “La buena moneda”, “Los tres anillos” o “La historia de Gerbino”, entre un total, si no cuento mal, de ochenta cuentos.
O, si te animas a leer “Las mil y una noches” (tarea que puede llevarte varios meses), te encontrarás dentro “Las aventuras de Simbad, el Marino”, “La historia de Alí Babá” y “La historia de la muerte”, junto a docenas de cuentos breves: sobre mendigos que no encuentran la fortuna, sobre genios que no encuentran quien los libre de la lámpara o sobre princesas que no encuentran quien las ame. Con el añadido de que un personaje de una historia se puede poner a contarle a otro una nueva narración, y dentro de esta puede haber otro narrador y dentro otro, y otro...


Esta estructura narrativa la retoma Miquel de Palol en “El jardín de los siete crepúsculos”, novela compleja donde las haya. Si un capítulo empieza con un 0 encima quiere decir que estamos leyendo la narración principal. Si un capítulo empieza con un 0/1 quiere decir que un personaje del nivel cero toma la palabra para contarnos una historia. Si un capítulo empieza 1/2, quiere decir que un personaje de nivel 1 toma la palabra para narrarnos algo... y así sucesivamente, hasta llegar a capítulos con el encabezado 6/7. Pues bien, llega un momento en que encuentras capítulos con encabezados aterradores, como 2/4 o 5/1. 
Esto requiere un esfuerzo de concentración por parte del lector muy superior al que se necesita para leer novelas del primer tipo, como “Los juegos del hambre”, por nombrar otro ejemplo famoso y moderno, que tampoco estoy menospreciando. Pero el esfuerzo vale la pena.

(IV)
    
Todo lo anterior pretende servirle de presentación a mi novela “LOS CISNES INTENTAN DECIRNOS ALGO", que en modo alguno responde al esquema “Tenemos un protagonista y le pasan cosas”.
Más bien es una novela-baúl. Y en este caso el baúl es bien gordo. Es tan gordo que no he tenido más remedio que dividir el libro en tres volúmenes: “TREINTA", “TRES”, “SEIS”. Entre los cuatro suman, redondeando, novecientas páginas.

En el primer volumen nos encontramos una recopilación de cuentos (“Las burbujas”, “Los barcos anclados", “La sombra en la cueva”, “Los huesos”, entre otros).
En el segundo volumen nos encontramos tres novelas cortas ("Servidor de Cthulhu", "La periodista" y "Los monjes")
En el tercer volumen, seis personajes se dedican a debatir sobre una amplia galería de temas, como por ejemplo si la existencia de abducciones extraterrestres es o no real, si es mayor o menor la credibilidad de las confesiones obtenidas bajo hipnosis, si es creíble o no el experimento Filadelfia o cuál es el mayor defecto de la humanidad.



Además de todo ello, a lo largo de los tres libros podemos encontrar datos sobre la posible ubicación de una antigua biblioteca, presumiblemente en un castillo italiano, cuyas puertas están custodiadas por oscuras estatuas que parecen representar cisnes. En dicha biblioteca está guardada la "Tabla sagrada de los 48 números".


Quien lea los tres libros, tal vez encuentres pistas suficientes para descifrarla.


  Sí, sí, ya lo sé... "Los cisnes intentan decirnos algo" no es una novela fácil de encasillar. Y a los vendedores les gusta saber en qué armario ponen cada cosa.
 Tampoco el título es muy comercial que digamos. "Asesinato en la biblioteca" seguro que vende más y "Asesinato inminente" ni te cuento.
 Pero yo no escribo en base a criterios comerciales. Escribo en base a psicosis, a traumas y a obsesiones. Nada que ver con puestos de ventas o con gráficos de ingresos. Escribo porque hay temas que me abrasan por dentro, que no me dejan dormir, que me recorren el cráneo día y noche, sin descanso, sin tregua, de modo que escribir no es una tarea ni un trabajo ni una ocupación; es una catarsis, una terapia, una alternativa al tratamiento psiquiátrico, una manera de evitar los psicofármacos. Publicar y vender ejemplares es secundario. Perdido y solo en una isla desierta, esas obsesiones seguirían presentes, y aunque fuese en las hojas de las palmeras o en la arena de la playa seguiría escribiendo para sentir algo de alivio. 


   

  Puedes adquirir un ejemplar en amazon, tanto en edición digital como en papel. Este es el enlace del primer volumen.


      Y en calameo puedes leer varios de los cuentos que aparecen en "TREINTA", como "EXPLORADORES" o "EL ESPEJO". 


jueves

7: SIETE PUENTES

(I)
La novela más famosa sobre viajes en el tiempo es de Herbert G. Wells, el mismo que escribió "La guerra de los mundos" y "El hombre invisible". Se titula "La máquina del tiempo", aunque a su versión cinematográfica, me refiero a la de 1960, le pusieron por título "El mundo en sus manos".
El aspecto de dicha máquina, visto con ojos del siglo XXI, es tan inocente y tan ingenuo que ni siquiera nos mueve a risa.


Para ir al futuro se debía empujar una palanca hacia adelante, y tirando de ella hacia uno mismo se viajaba al pasado, tanto más deprisa cuanto más rápido giraba esa especie de paraguas parabólico que el viajero tiene a su espalda. Por supuesto, el diseño no incluía algo tan básico como que la "cabina" estuviese cerrada.
Y la versión del año 2002 no arregla ese detalle. Lo cual es de agradecer, ya que moderniza un poco el diseño de 1960 pero respetando, al menos en parte, la descripción que aparece en el libro, con su sillón de peluquería prehistórica.


Wells escribió su novela en 1884, de modo que podemos perdonarle fácilmente el nivel técnico de su máquina, pero lo cierto es que el propio Asimov, padre indiscutido e indiscutible de la ciencia ficción moderna, también dotó a su máquina del tiempo de una palanca. En su novela de 1955 "El fin de la eternidad" (que sin duda merece leerse, aunque sólo sea porque la trama contiene dos giros completamente inesperados, que transforman una novela cuya primera mitad parece muy simplona en una novela que da mucho que pensar), describe las cabinas que viajan a lo largo del tiempo como esferas con un asiento circular en el que podían acomodarse varias personas a la vez, una de las cuales envía la cápsula al futuro o al pasado según empuje una palanca a izquierdas o a derechas. Por si fuera poco, la indicación del siglo al que van corre a cargo de una aguja que gira sobre un dial numerado.

En realidad, antes de criticar por esto al autor hay que pensárselo dos veces. A mitad de novela, por ejemplo, Asimov describe un artilugio grabador que es casi una memoria flash de las que llevan en su interior nuestros modernos teléfonos móviles, lo cual no tiene poco mérito escribiendo en 1955.

No hay que criticar demasiado a estos autores porque, inevitablemente, son hijos de su ambiente cultural. Así, la novela que nos plantea Asimov es muy interesante, ya lo creo que sí, pero no deja de ser chocante que aparezcan en ella humanos de dentro de diez mil años que siguen usando elementos tecnológicos propios de 1955, como los coches de gasolina o los documentos microfilmados.

En mi novela es muy posible que ocurra algo parecido.
La máquina del tiempo que describo en SIETE PUENTES, con toda certeza parecerá ridícula dentro cuatro o cinco décadas. Lo cual me preocupa muy poco porque, ¿quién va a leerme dentro de cinco décadas?


(II)
El cine nos ha proporcionado material abundante para imaginar viajes en el tiempo. Podría citar "El final de la cuenta atrás" o "Terminator".
Pero ahora quiero acordarme del maravilloso diseño de máquina del tiempo que aparece en REGRESO AL FUTURO. ¿Podrá haber una máquina del tiempo más bonita que esta?
¡¡Lo dudo mucho!!


(III)
Si nos centramos en SIETE PUENTES, hablamos de una novela con un planteamiento verdaderamente extraño: la tarea que le encargan a un detective del siglo XXIII es evitar el asesinato de tres matemáticos del siglo XX. No parece una tarea fácil. ¿Conseguirá llevarla a cabo?

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sábado

5: LAS LUNAS INVISIBLES


     Aunque no sé muy bien cuándo ocurrió, puedo verme a mí mismo anotando en una libreta las cuatro o cinco ideas-semilla a partir de las que luego creció la novela corta LAS LUNAS INVISIBLES. Calculo que debía ser enero o febrero del año 2004. Lo que sí sé con certeza es cuándo la escribí: durante el mes de julio de ese mismo año, en medio de un calor aplastante.
     No lo estaba pasando bien en 2004, literariamente hablando. Había trabajado muy duro para acabar todo el material que en esas fechas podía ofrecer a los editores. Cuando digo que el trabajo había sido muy duro me refiero a que lo había hecho compaginando la escritura con las obligaciones propias de un profesor de secundaria, o sea que debía elegir entre dos opciones: escribir casi todo a altas horas de la noche o aparcar proyectos durante meses enteros, hasta que amainaba el volumen de exámenes y podía retomarlos.
     Aun así, tenía acabadas varias novelas, que ofrecía de tiempo en tiempo a diversas editoriales. El resumen de sus respuestas queda reflejado en un paquete que recibí de un editor barcelonés. Dentro había dos cosas: una carta que empezaba diciendo “Hemos leído su novela con mucha atención…” y la novela que yo les había enviado cuatro meses antes, envuelta con el mismo papel de burbujas que le había puesto yo, cuya tira adhesiva no habían llegado a quitarle. 
     La imagen de alguien que en medio de un planeta desértico predica al vacío, era una de las que más obsesivamente acudían a mi cabeza.


     Inesperadamente, ocurrió algo decisivo, no sé si acabando junio o empezando julio. Llegó a mis manos un ejemplar del recopilatorio correspondiente al año 2003, que la Universidad Politécnica de Cataluña edita anualmente con las cuatro o cinco mejores novelas cortas de entre las que participan en su concurso. Lo devoré en dos tardes (la verdad es que me gustó mucho, sobre todo la mininovela titulada “Carne”) y pensé que aquellas notas que había apuntado en mi libreta hacían buena pareja con lo que acababa de leer. Así que me puse el mono de trabajo y acabé LAS LUNAS INVISIBLES a tiempo de enviarlo al concurso UPC 2004. Para mi infinita sorpresa, en noviembre me comunicaron que había quedado finalista y que mi novela formaría parte del siguiente recopilatorio.

     Han pasado 16 años y del recopilatorio UPC 2004, con aquella tapa negra que tanto me gustó cuando la vi por primera vez, es difícil conseguir un ejemplar nuevo, aunque sigue estando disponible en amazon. Adjunto el enlace.

PREMIO UPC 2004, primera edición.


     He colgado en amazon una segunda edición con mínimos retoques y he añadido un anexo dedicado a las referencias cinematográficas que aparecen en la novela. Forma parte de ella un personaje excepcional. Es un personaje de sexo femenino (creo), de muy corta edad (aunque no puede concretarse una cifra), cuyo lugar de nacimiento no sabría decirles (puede que ni siquiera aparezca en los mapas) y que responde a un nombre del que no sé a ciencia cierta ni qué significa ni cómo se pronuncia. A pesar de todo ello, es un personaje al que tengo un cariño muy especial. Me gusta pensar que ese personaje ha nacido en alguna de mis neuronas. Si lees LAS LUNAS INVISIBLES, sabrás a qué me refiero.

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LAS LUNAS INVISIBLES, en amazon

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     Por cierto, la foto es de la superficie marciana. El aparato que se ve a la derecha es el Curiosity. Puede que tenga algo que ver con la novela.





martes

4: ACCESO RESTRINGIDO


Mercurio no es un planeta muy hospitalario.

Si a medianoche nos posásemos en su superficie, en un lugar intermedio entre el polo y el ecuador, nos encontraríamos 170 grados centígrados bajo cero.

Para que nos hagamos una idea, los coches de la fotografía, tomada en Chicago durante la ola de frío de 2013, están a 38 bajo cero. El récord absoluto en el planeta Tierra es 90 bajo cero. Hasta 170, falta un buen trecho.


Más nos valdría no pensar "Tranquilos; amanecerá pronto; enseguida entraremos en calor". De eso nada. La noche dura en Mercurio 88 días terrestres.

Si eligiésemos posarnos a mediodía, nos encontraríamos en una superficie desértica, compuesta por polvo de sílice y rocas, a 400 grados centígrados. Ningún horno casero alcanza esa temperatura.

Si caminásemos por esa superficie con las mismas botas que llevaba Aldrin en la Luna, las suelas estarían fundidas al segundo paso. No sé cuánto aguantaría el resto del traje pero no creo que fuese mucho más de un minuto. Cualquier objeto de plástico se derretiría, como los faros de este coche, que estuvo aparcado al lado de un incendio.


Tampoco vale pensar "Tranquilos; anochecerá pronto y refrescará". En Mercurio, el concepto mediodía - con el Sol en lo más alto del cielo - dura una quincena terrestre. Para que anochezca tendrán que pasar otros treinta días terrestres.

Del coche de la foto, si lo dejásemos en Mercurio a mediodía, sólo quedaría lo que fuese de acero. Ni el plástico, ni los cristales, ni los neumáticos, ni la pintura... Sólo el acero. Y las pastillas de freno. Eso sí, estarían tiradas en el suelo: van sujetas con un taco de goma y de la goma no quedaría ni la mancha.

Mercurio no parece un buen sitio para posarse.

¿Y si nos encargasen la misión de establecer una base permanente en ese infierno?

Es lo que le han encargado al comandante Will Collins y a su equipo: establecer una base en el planeta Mercurio.
Aunque la tarea es extremadamente difícil, todos confían en acabarla con éxito porque cuentan con los últimos avances tecnológicos, con el apoyo de un sistema experto de inteligencia artificial y con un perfil de misión estudiado hasta el más mínimo detalle: cualquier cosa que pueda ocurrir, ha sido prevista; cualquier problema que pueda darse, ha sido resuelto de antemano.

Pero lo inesperado está siempre ahí, al acecho...


¿Cuál de los dos vídeos de presentación (Booktrailer) te gusta más?



    
ACCESO RESTRINGIDO 
es ciencia ficción en estado puro.
Quedó finalista en el Premio ASTRO de Ficción Científica 2010.
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O bajarte la novela en digital.
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lunes

3: HORUS

La novela HORUS me ha proporcionado una gran alegría y una gran decepción.
Vayamos por partes.
El germen del que salió esta novela hay que buscarlo en la asignatura Ciencias para el Mundo Contemporáneo: al tratar el tema de la clonación, el libro exponía como ejemplo de clonación con máxima dificultad la que estaba intentando el equipo del doctor Iritani, que pretendía devolver la vida al mamut siberiano a partir de restos que llevan congelados varios siglos.



Estuvimos un buen rato hablando del asunto. Otros temas hay que explicarlos en plan conferencia pero no es el caso: siempre hay alguien que defiende la tesis de que "clonar bichos muertos no sirve para nada" y siempre hay quien confiesa que le encantaría clonar a su perro; con eso basta para encender la chispa del debate. 
Cuando ya dábamos el tema por cerrado, un alumno preguntó "Y si me congelan a mí, ¿dentro de mil años podrían clonarme?". "" - le contestó otro alumno - "pero tú seguirías siendo el congelado; no la copia". "Buena matización", dije yo.

Como muy bien explica Stephen King en su libro "Mientras escribo", todas las novelas empiezan con un "¿Y si...?"
          - La pregunta "¿Y si hubiese una familia de vampiros durmiendo en el sótano de una casa abandonada...?" se convierte en  EL MISTERIO DE SALEMS LOT.
          - La pregunta "¿Y si cavando en mi huerto encontrase enterrada una extraña máquina...?" se transforma en TOMMYNOCKERS.
          - De la pregunta "¿Y si al darme un golpe en la cabeza veo lo que va a pasar dentro de un año...?" acaba saliendo LA ZONA OSCURA.

Yo me fui a casa con la pregunta "¿Y si congelarse no fuese la mejor opción para revivir dentro de mil años...?"



Y de esa pregunta, al cabo de veinte meses y después de que mi asesora principal leyese el primer borrador y me hiciese caer en la cuenta de que había que cambiar un par de cosas, acabó saliendo "Horus".

La presenté al "Premio UPC 2012 de novela corta de ciencia ficción" y me llevé la gran alegría de que el jurado me concediese una Mención Especial, como ya había ocurrido en 2004 con LAS LUNAS INVISIBLES. La gran decepción fue ir a la entrega de premios y enterarme de que las menciones especiales ya no las publicaba Ediciones B. Desde 1991 se venía publicando un recopilatorio anual con las novelas mencionadas por el jurado pero... "Ya se sabe, hay que recortar gastos, son cosas de la crisis...", dijo alguien.





Podría haberme limitado a poner mala cara en la barra de cualquier bar y haberme bebido seiscientas jarras, a ver si así diluía la mala hostia; pero el ajedrecista que habita en mi interior dijo algo así como "Si la posición coge mala pinta, moviliza las Torres". Sí, hay que movilizar las Torres... hay que darle a la posición un cambio drástico, un vuelco... hay que ponerlo todo patas arriba.

Hagamos un paréntesis maya...

Los mayas utilizaban un calendario muy distinto al nuestro (y bastante más sensato que el nuestro).
Sus fechas tienen este aspecto  12.17.2.6.15 7Men 3Kayab

Las primeras cifras nos dicen que los días transcurridos desde que el calendario maya empezó a contar han sido 12x144.000+17x7.200+2x360+6x20+15.1=1.851.255.
Llevar un conteo perpetuo hace que los días transcurridos entre dos fechas cualesquiera se calculen con una simple resta. Nuestro calendario no permite resolver con una simple resta la pregunta "Albert Einstein nació el 14-Marzo-1879 y falleció el 18-Abril-1955, ¿cuántos días vivió?"

La segunda parte de la fecha nos dice lo siguiente:
- (7Men) Fecha de hoy en el Tolzkin, calendario religioso y ceremonial de 260 días con nombre propio. Cada día forma su nombre con un número del 1 al 13 y un nombre - por orden - de entre estos 20 (Imix, Ik, Akbal, Kan, Chikchan, Kimi, Manik, Lamat, Muluk, Ok, Chuen, Eb, Ben, Ix, Men, Kib, Kaban, Etznab, Kayak, Ajau). No hay que pensar en meses como los nuestros.
Si Imix fuese un mes, tras 1Imix vendrían 2Imix, 3Imix, 4Imix...
¡NO ES ESO!
Tras 1Imix viene 2Ik, 3Akbal, 4Kan.... ....13Ben, 1Ix, 2Men, 4Kib...
De modo que la fecha en el calendario religioso no volverá a coincidir hasta dentro de 260 días.
- (3Kayab) Fecha de hoy en el Haab, calendario ordinario, civil y agrícola de 365 días, repartidos en 18 "meses" de 20 días numerados del 0 al 19, más un "mes" de sólo 5 días, dedicado a la reflexión personal y a la renovación de cargos públicos. Estos "meses" sí que se parecen a los nuestros: tras el 3Kayab vendrán 4Kayab, 5Kayab, 6Kayab...
De modo que la fecha en el calendario civil no volverá a coincidir hasta dentro de 365 días.

Y con este paréntesis maya, ¿adónde vamos a parar?

A una idea muy sencilla y muy interesante.
Supongamos que naciste el primer día del diglo XXI, el 1-1-2001 (espero que nadie siga pensando que el primer día del siglo XXI fue el 1-1-2000, querría decir que sigue sin enterarse de que no hubo año 0; tras el 1 antes de Cristo viene el 1 después de Cristo... ¡¡Ah!! Que te pensabas que nuestro calendario carece de error, es infalible, es perfecto, es mejor que el de los mayas... ¡El nuestro es una chapuza! ).
Ese día, en el calendario religioso maya era 13Lamat y en el calendario civil era 11Kankin.
Cuando cumplas 260 días volverá a ser 13Lamat, pero no será 11Kankin.
Cuando cumplas 365 días volverá a ser 11Kankin, pero no será 13Lamat.

Si calculamos el mínimo común múltiplo (factores comunes y no comunes con el mayor exponente) de 260 y 365 tendremos
260=2x130=2x2x65=2x2x5x13=22x5x13
365=5x73.
mcm= 22x5x13x73=18.980.

La fecha de tu nacimiento volverá a coincidir en ambos calendarios dentro de 18.980 días; o sea, cuando cumplas 52 ciclos de 365 días, que por supuesto no coincide con tu 52º cumpleaños en el calendario occidental porque nosotros hemos inventado cosas absurdas como el año bisiesto y el mes de 28 días. Pero cae cerca. Y se puede calcular. El año solar dura 365'24 días en lugar de 365, con lo que tenemos un desfase de 0'24 días por año. La aproximación 52x0'24 nos da 12'48 días de desfase acumulado. O sea que los 52 ciclos se cumplen doce o trece días antes de tu 52º cumpleaños según hayas visto en tu vida número par o impar de bisiestos.

De donde se deduce que para los mayas - durante siglos, su esperanza de vida fue inferior a esa cifra - cumplir 52 años no era cualquier cosa. Era el fin de un ciclo y el inicio de otro. Era el momento apropiado para darle a tu vida un cambio brusco, para darle un vuelco, para ponerlo todo patas arriba... para movilizar las Torres.

Mucha gente percibe de forma inconsciente este reinicio de ciclo. Mucha gente, alrededor de los 52 años, siente que necesita reiniciarse, resetearse, renovarse; que necesita cambiar de casa, de ciudad, de trabajo, de aficiones, de pareja... Las estadísticas me dan la razón: hay un pico de divorcios poco después de los 50.

Yo no estoy por la labor de divorciarme de mi asesora principal; pero sí de los editores.
Durante 2014 cumplo 52. Es el año correcto. Los editores no van a recibir más propuestas de mi parte. Yo no voy a recibir más cartas suyas; no voy a oír más veces eso de "Deja que pasen seis meses a ver cómo me van entonces las cuentas".
Se acabó.
Fin de ciclo.
Me doy de alta en Amazon. Y me edito yo.
La decisión la tomé por culpa de Horus. O por culpa de Ediciones B.  O por culpa de los mayas.
En todo caso, había que darle un vuelco al tablero.

Ah, casi se me olvida...
"¿Y si congelarse no fuese la mejor opción para revivir dentro de mil años...?"
La pregunta me anduvo revoloteando durante meses.
Si siempre he tenido a las momias egipcias entre mis temas obsesivos, ¿cómo iba a librarme de esa pregunta?



Había una novela en ese interrogante... sí, claro que la había... pero no acababa de verla... sólo veía piezas sueltas... congelación, momificación... ni siquiera parecían piezas del mismo puzzle.
Hasta que un día, por pura curiosidad matemática, me puse a estudiar el calendario maya.
Y todas las piezas encajaron de golpe.

HORUS, la novela con el final más sorprendente de las últimas XX dinastías.
¿Quieres leerla?

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Y en la página calameo puedes leer las 30 primeras páginas...










domingo

2: NO PIENSES EN LA BELLA DURMIENTE

Ciencia ficción, fantasía, aventuras... ¡Todo revuelto!
Reconozco que es una apuesta arriesgada.
Lo sensato - dicen - es escribir  novelas que CLARAMENTE pertenezcan a uno u otro género, para que los libreros puedan ponerlas en uno u otro armario del establecimiento.
Por ejemplo, escribes una novela que sea cien por cien novela negra: los aficionados al género policíaco sentirán deseos de comprarla cuando la vean entre las novedades de su armario favorito y los que no lo son no perderán ni un segundo en ese armario y se irán al suyo, ya sea novela histórica, turismo o ensayo.

Con la novela NO PIENSES EN LA BELLA DURMIENTE no he seguido ese sabio consejo. Es una novela sin estantería propia. O una novela que debería estar en varias a la vez.

¿Es ciencia ficción? Claro que sí.
Ordenadores inteligentes, robots de última generación, colonos viviendo en Marte, drogas de diseño, una niña sometida a un tratamiento médico revolucionario... ¡Por supuesto que es una novela de ciencia ficción!


¿Es literatura fantástica? Sin ninguna duda. 
Reinos medievales, maestros de la espada, dragones, hechiceros, castillos con monstruos en el foso, una princesa en peligro... ¡Claro que es literatura fantástica!


Por si fuera poco, ¿tiene una chispa de novela romántica? ¡También!

Así que, ya sabes, si te animas a leer NO PIENSES EN LA BELLA DURMIENTE, te encontrarás una historia ambientada en un reino medieval, que incluye elementos de la ciencia ficción más extrema y que tiene un toque romántico, todo a la vez. Pero, sobre todo, estarás leyendo una historia cuyos protagonistas, cuando se trata de ayudar a una niña que está en peligro, no se rinden ante nada.


"Lástima que no tenga el doble de páginas. Me lo he pasado bomba." Alex.

"Me la he leído en un suspiro. Se me ha hecho corta." Paula.

"Con el capítulo 47 casi me muero, aunque no sé si de risa o de asco." Miguel.

 "Me ha gustado un montón. Sobre todo, el final. Qué poco me ha faltado para echarme a llorar." Cristina.

Mantengamos la esperanza: puede que no sean Alex, Paula, Miguel y Cristina los cuatro únicos seres humanos en verle la gracia a esta mezcla.

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Y aquí puedes leer las 50 primeras páginas... Gracias.




sábado

1: LA JAULA DE LOS MONOS

La jaula de los monos no es una novela cualquiera. Ni mucho menos.
Es una novela escrita con dolor.

El dolor empezó hace muchos años... Calculo que fue en 1980 o por ahí... A mi padre le gustaba leer libros de Historia, especialmente los que analizaban la guerra civil española, que a él lo pilló con 5 años. Entre sus libros había una biografía del historiador Allan Bullock titulada "Hitler. Study on tirany", aunque en la versión española se titulaba "Hitler", a secas, sin ningún añadido, como puede apreciarse en la tapa.



Leí este libro con 18 años (puede que 17) y me quedé turulato. Especialmente, recuerdo el impacto que me produjo leer los discursos de Heinrich Himmler, General de las SS y segundo en el escalafón del III Reich.
Sin haber acabado de asimilar esta lectura, vi en el cine "The killing fields", "Los gritos del silencio", película que te sumerge sin contemplaciones en la horrible Camboya de 1976 y sus jaulas de bambú con el agua al cuello. John Malcovitch, que en ese momento era un perfecto desconocido, cumplía bien su papel de fotógrafo de prensa.




Aproximadamente en las mismas fechas, leí "Archipiélago Gulag", de Alexander Soljenitsin, y "Abaddón, el exterminador", de Ernesto Sábato. Y la lista de libros y películas que de un modo u otro relataban el infierno de los campos de concentración y las salas de tortura, fue creciendo, creciendo...

Idioma de los protagonistas: distinto.
Motivaciones: distintas.
Lugar: distinto.
Fechas: distintas.
Consecuencias: distintas.

Pero siempre hay algo en común: el dolor.
Igual que puedes recolectar cebada, llevarla a una destilería y tras un largo proceso obtener whisky, exactamente igual, he recolectado ese dolor, lo he destilado durante años y he obtenido la novela "La jaula de los monos".

No es agradable leerla, como tampoco es agradable que te desinfecten una herida abierta. Pero es necesario.

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También puedes leer lo que se dice en estos enlaces


Y en la página calameo puedes leer las 30 primeras páginas...







viernes

0: Cómo publicar en Amazon

La jaula de los monos, de la que hablaremos en la siguiente entrada, fue la primera novela que edité en la plataforma Createspace, que está integrada en Amazon.

Si tienes una novela terminada y decides publicarla en Amazon, puedes pasarte un mes discutiendo contigo mismo "¿Pero cómo diantres funciona esto?" o puedes leerte mi pequeño resumen de los pasos que hay que dar.

Primero, debes tener claro si la quieres publicar sólo en digital, para que los lectores la descarguen y la lean en una pantalla, o si quieres publicarla en papel, de modo que quien quiera leerla pueda pedir un ejemplar en Amazon para que el cartero se lo lleve a su casa; o pueda encargarla en una librería, que si todo se hace bien es legal.

¿Y si quieres poner en marcha ambas opciones? En ese caso, seguro que hay quien te dice "Empieza por la versión papel y Amazon te generará un fichero digital de forma automática". Si revisas el fichero digital a conciencia antes de publicarlo, puede valer. Si te fías del automático sin revisar el resultado, te puedes encontrar (por ejemplo) con que sean ilegibles párrafos enteros porque los escribiste con una fuente de letra incompatible. Si lo revisas a fondo antes de publicarlo, puede valer. Pero mi consejo es que te hagas tú personalmente los dos libros, el digital y el de papel; así seguro que quedan a tu gusto.


<> Opción 1: libro digital

Basta con darte de alta en Amazon.com; hecho lo cual, te das también de alta en la sección "Independtly publish with us" (Publica con nosotros por tu cuenta) y subes tu novela (texto y portada) para que la publiquen. Necesitarás tener a mano los datos de una cuenta bancaria, para que te ingresen los posibles beneficios.

 (1) El texto. 

Supongamos que ya lo tienes completo en word. Vamos a buscarle pegas y a ponerles remedio.

- ¿Cuántas fuentes de letra has usado, catorce? MAL.
El efecto que tanto te gustaba al escribir con mentalidad "esto es un folio", en pantalla se pierde. Empieza por reescribirlo usando como máximo tres fuentes de letra. Y cuanto más limpias sean (Calibri, Sans serif...) mejor.

- Casi seguro, entre capítulo y capítulo has pulsado "enter" seis o siete veces. MAL.
Al convertirlo a digital, las veces que hayas pulsado "enter" no cuentan; no habrá separación entre capítulo y capítulo y se verá todo seguido. Terminará un capítulo y el título del siguiente estará una línea más abajo. Debes separar los capítulos con un SALTO DE PÁGINA; entonces sí que empezará cada capítulo en cabecera de pantalla.

- Seguramente, lo habrás escrito con mentalidad de impresora y tendrás el texto justificado. MAL.
Para pasarlo a digital debe estar el cuerpo del texto alineado a izquierdas y los títulos centrados, o en pantalla se verá una chapuza llena de huecos. Una sangría en la primera línea sí que se puede poner; de hecho, es lo más normal. Pero pulsar la barra espaciadora cuatro veces no es lo mismo que definir una sangría en la primera línea para todo el texto. Hay que ir a "párrafo", "sangría", "sólo en la primera línea".

- ¿La primera línea te queda pegada al título del capítulo? 
Claro; es que entre el título y la primera línea tampoco vale pulsar "enter": hay que añadir un SALTO DE AJUSTE DE TEXTO.

- ¿A que también has numerado las páginas? GRAVE.
Las pantallas adaptan el texto a su tamaño y un libro de 100 páginas puede tener 370 pantallas en un dispositivo y 596 en otro: las páginas deben ir sin numerar.

- ¿Has pegado fotos? Sí, sí, ya lo sé, para imprimir da igual. AQUÍ NO DA IGUAL.
En pantalla se verá una mancha borrosa o en algunos dispositivos las imágenes ni siquiera se verán. Hay que insertarlas, que no es lo mismo que cortar y pegar. Las imágenes deben ir insertadas y centradas.

- El último detalle: 
No se pueden cortar palabras con guión al final de una línea, por la sencilla razón de que las líneas en pantalla dependen del zoom que ponga el usuario: todos los guiones fuera. Y el guión de diálogo a principio de línea, largo, por supuesto.
¿Todo arreglado? ¡BIEN! Ahora lo guardas (ya sé que suena raro) en opción compatible con word 2003 y lo subes. En pdf, si hay fotos, ni intentarlo porque en pantalla se verán cortadas entre página y página (estamos hablando de kindle). Un pdf sin imágenes sí que puede verse bien, pero no merece la pena pasarlo de doc a pdf. Lo mejor: doc compatible word 2003.
Y lo mejor de lo mejor de lo mejor: ceñirse a una de las dos plantillas que puedes descargar en este enlace (la gratuita funciona de cine; la de pago debe saber cocinar y te saca el perro por las noches):

 http://www.ciberautores.com/doc-a-kindle/

(2) La portada

Debe ser un jpg guardado en calidad 300ppp o más, con proporción ancho largo 1 a 6 y con al menos 500 pixeles en el lado más corto.

(3) El precio

Cuando hayas subido el texto y la portada a la plataforma sólo te faltará decidir un precio. Si te llamas Ken Follet puedes poner el precio que te dé la gana; si no, pon de precio dos o tres dólares y a correr.

<> Opción 2: libro de papel.

Vas a necesitar un dominio más profundo del idioma inglés, porque en este caso no basta con darte de alta en Createspace; también debes darte de alta (sin excusa) en el fisco estadounidense, en el US Department of the Treasury (www.treasury.gov).

Sí que es necesario saber inglés para cumplir este trámite porque el impreso que hay que rellenar es espectacular, el Certificate of Foreign Status of Beneficial Owner for United States Tax Withholding, Form W-8BEN) pero no hay que asustarse: sólo te das de alta por si ingresas con tus libros más de 20.000$/año, en cuyo caso tendrías que hacer en EEUU el equivalente de la declaración de renta.
No hay que asustarse por lo siguiente: si no llegas a ese nivel de ingresos te olvidas del tema, y si llegas no te importará pagarle 100$ a alguien que sepa rellenar una declaración de renta estadounidense. Tiene su lógica que debas fichar en la Oficina del Tesoro de EEUU porque al darte de alta en Createspace al fin y al cabo lo que estás haciendo es añadir tu nombre a la lista de editores que operan en ese país, aunque tu domicilio (y tu sede) estén en otro y aunque no tengas intención de editarte más que a ti mismo. Todos los libros de Createspace constan como "editados en EEUU", sea en el idioma que sea.

Al rellenar el impreso de la Oficina del Tesoro te pedirá tu US tax payer identification number.
Hay quien se atasca meses en este punto porque inicia un trámite paralelo para pedir tal número. No hace falta. Te registras como extranjero, pones el NIF español, el ordenador se queda un rato recapacitando y luego lo da por bueno. Si vendes mucho, ya puedes pagar impuestos en los dos sitios, en España y en Los Estados Unidos de América (A mí me encantaría tener que pagarle miles de dólares al fisco estadounidense; soñar, salvo en dos o tres novelas de ciencia ficción, es gratis).

Ya te diste de alta. Ahora hay que maquetar el texto y diseñar una portada.

Maquetar el texto consiste en adaptarlo al formato de la plantilla Createspace formated template, que puedes descargarte de este enlace (si el inglés no es lo tuyo, recapacita antes de meterte en este embrollo)

https://www.createspace.com/en/community/docs/DOC-1323

Cuando hayas pegado (capítulo a capítulo, de uno en uno, con la opción "adaptar al formato del destino") toda tu novela en la plantilla y hayas comprobado fuentes, márgenes, tildes, encabezados, pies, ortografía..., debes "Guardar como doc compatible 2003" y darle un nombre al fichero.
Ya tenemos un "libro preliminar" en formato doc.

Con lo que viene ahora agárrate que hay curva: no te fíes de la opción "Guiones automáticos".
Este ejemplo es verídico: escribí un texto que contenía ".... tus discípulos que..."; el automático rompió así las líneas
línea 80  ...tus discí-
línea 81  pulos que...
En una posterior revisión ortográfica el automático se encontró con la palabra "discí" y pensó... ...debe ser "disco". El libro quedó así
línea 80 ...tus disco-
línea 81 pulos que...

No te fíes del automático.
Revisa los guiones antes de mandar el texto a imprenta. Aunque te cueste un par de horas. O un par de tardes.

¿Revisado? Volvemos a guardar.
Insisto: la forma de que todo cuadre a la primera es guardar la novela como "compatible word 2003". Y así, tal cual, en formato word 2003 (doc) lo subes a la plataforma y revisas el aspecto final del libro en el simulador (el simulador es EXCELENTE: lo que se ve en el simulador es lo que sale de la imprenta, tal cual).

¿Algo no cuadra?
Arregla el texto, llámalo versión 2 y vuélvelo a subir. Si lees mi novela Horus, piensa que cuando la subí se llamaba Horus8x5version9.doc.

Aquí sí que puedes jugar a usar un montón de fuentes (en mi ordenador hay en este momento mil seiscientas, aunque la mayoría no valen más que para poner títulos llamativos; letras rotas, corroídas, con sombra... no sirven para el cuerpo de una novela; para los títulos ya lo creo que sí, y merece la pena tenerlas. Mi recomendación es que no te pongas a diseñar títulos de portada sin antes instalarte Megafonts3.)

También puedes hacerte el título en picturetupeople.org y luego insertarlo.

Y eso es lo realmente difícil: la portada.
Una portada toda verde con un rectángulo blanco y dentro del rectángulo "Las aventuras de Wincho, el murciélago bizco" escrito con Arial 48, cuesta tres minutos. Y un poquito más trabajada, como esta del ejemplo, cuesta quince minutos, incluyendo el tiempo invertido en buscar fotos de murciélagos y elegir una.


Pero una portada que empieza por encontrar esta foto


pasa por esta fase intermedia


y termina así


requiere unas cuantas horas.

Primero, asegúrate de que las fotos (portada y contraportada) se pueden usar libremente o asegúrate de que el autor te da permiso para usarlas. Si coges la primera que te guste navegando por internet y la usas de portada, te puedes meter un lío de campeonato.
Segundo, descarga la plantilla adecuada al número de páginas de tu novela; o sea, empieza por empollarte esta página

https://www.createspace.com/Products/Book/CoverPDF.jsp

y luego pulsa en "Download Cover Templates"




Lo que se ve en azul es lo que se va a imprimir. Y cualquier elemento clave de la portada debe quedar dentro de la zona punteada en azul oscuro, la zona segura. Lo que quede fuera de la línea continua azul claro, lo cortará la guillotina y se irá a la papelera.


  1. Abres el fichero de la plantilla con tu editor gráfico favorito. El único que supera a Photoscape es Photoshop. Photoshop, o lo pirateas o lo pagas. Photoscape es gratis y de uso libre. Tú mismo. Yo uso Photoscape porque me resulta muy intuitivo y muy fácil de usar. Photoshop me resulta abrumador. Puede venir bien tener instalado Magix Photodesigner 7, que también es gratuito, para aumentar la galería de efectos disponibles, aunque es MUCHO más difícil de usar que Photoscape.
  2. Cuando tengas una portada acabada, la pegas en el rectángulo Front, sin salirte de la línea azulclaro.
  3. Cuando tengas la contraportada, la pegas en Back.
  4. Cuando tengas el lomo del libro lo pegas en Spine.
  5. Recortas por la línea roja.
  6. Añades un color cualquiera en el canto que va de azul claro a rojo.
  7. Lo guardas en 350 ppp o más.
  8. Lo conviertes a pdf y lo subes.
  9. Fíate del simulador de libro terminado. Tal como se ve en pantalla, lo imprimen.


Cuando des el visto bueno al texto (interior) y la portada (cover), Createspace te marcará un precio mínimo para cubrir gastos de impresión. Si te llamas Stephen King, multiplícalo por cuatro. Si no, confórmate con multiplicarlo por 1'25 o 1'5 y que Dios reparta suerte.

Respecto a la posibilidad de que sea legal vender tu libro en librerías tradicionales, es muy simple: basta con efectuar el depósito legal (4 ejemplares) y hacer constar en el interior del libro el correspondiente número (que previamente has solicitado en la oficina del depósito legal, claro. Si no lo solicitas, ¿cómo vas a saber qué número le toca a tu libro, para poder escribirlo dentro?).

Resumen de pasos:

  1. primero, decides un título que ya no vas a poder cambiar,
  2. segundo, das de alta ese título en Createspace, donde te asignarán un ISBN made in USA,
  3. tercero, vas a pedir un número de depósito legal para ese título con ese ISBN (si en la oficina de tramitación del número de depósito legal se escandalizan del ISBN de tu libro y te dicen que no vale porque no es un ISBN español, recuérdale a quien te lo esté diciendo que la I de ISBN significa International. Es el número que identifica tu libro en todo el planeta).
  4. cuarto, añades el número de depósito legal en la primera página de tu libro,
  5. quinto, lo subes a la plataforma, lo revisas y lo apruebas
  6. sexto, imprimes cuatro copias para entregar en el depósito, donde tu libro queda fichado por los siglos de los siglos con ESE título, con ESE ISBN, con ESE número de depósito, con ESA portada y con ESE formato, que ya son intocables.

Ya lo pueden vender en las librerías tradicionales SI QUIEREN. Normalmente, no quieren, pero esa es otra película. Sería perfectamente legal que le añadiesen un porcentaje para ellos y lo vendiesen. En ese caso, tú estarías entrando en la librería en calidad de editor.


Reflexión final

Cuando el libro esté acabado, a unas personas les gustará y a otras no.
Habrá quien diga que ha llorado leyéndolo y que le ha gustado tanto como si fuera de Borges y habrá quien diga que empezó a roncar en la página dos.
Habrá quien diga que la portada es impresionante y habrá quien diga que le parece un moco.
Habrá quien diga "¿Has escrito un libro?, qué flipe, quiero leerlo pero ya" y habrá quien diga "Así que escribes libros, pues que bien, yo hago pulseras con moscas muertas; te dejo, voy a ver si cazo alguna".

Que no te descentren. Ni los unos ni los otros.
Puedes estar bien seguro: ni eres tan bueno como Borges ni tan malo como un moco.
Así que sonríe a todos por igual y si este libro ya está acabado haz lo único que un escritor debe hacer: empieza otro.

En todo caso, mucho ánimo y mucha suerte.






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