Mostrando entradas con la etiqueta Ciencia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Ciencia. Mostrar todas las entradas

viernes

10: Calentamiento global y cambio climático

(I)    
En mi entrada sobre la extinción de los dinosaurios, afirmaba que existen en internet cientos y cientos de tesis que se dan por buenas sin la más mínima reflexión. Así, sin ir más lejos, la opinión según la cual los dinosaurios no se extinguieron hace 64 millones de años sino hace cuatro mil; y no por hambre y frío, sino ahogados en el diluvio universal.



¿Es lícito defender tal tesis? Claro que es lícito. Incluso afirmar que los dinosaurios jamás existieron o que siguen viviendo en África o que inventaron el arroz con patatas, puede hacerse libremente, faltaría más. Pero que los defensores de tales ideas aportasen algún indicio o prueba o razonamiento o hecho experimental a favor de la hipótesis, sería muy de agradecer. Por poner un ejemplo extremadamente sencillo, sería muy de agradecer que los partidarios del diluvio como agente exterminador por ahogamiento nos explicasen cómo pudo el diluvio ahogar a los que respiraban por branquias.

Pero hoy no tengo el día paleontológico. Hoy me voy a centrar en los que niegan el cambio climático, en los que niegan el calentamiento global y en los que reniegan — es lo más frecuente — de ambos conceptos revueltos y confundidos.

Es ya un clásico: señor con guantes, gorro, abrigo, botas y bufanda, rodeado de una fenomenal nevada y riéndose al decir “¿Qué, dónde está el calentamiento global? Porque yo estoy bien jodido de frío.”



Variante muy habitual: “Los que siguen creyendo en el calentamiento global, podían venir a ver las heladas que están cayendo en mi pueblo. Está haciendo un frío del carajo.”

Estas personas están confundiendo galgos con podencos. Y como les pasaba a los dos conejos del cuento, cuando distingan con claridad de qué raza son los perros, será tarde.

Que mañana cayese en París la mayor nevada de todos los tiempos, no invalidaría en nada la corrección del concepto “calentamiento global”, igual que una monstruosa ola de calor en Tokio apenas influiría como dato favorable. Y es que el calentamiento global es una cosa, y el clima local, otra; y bien distinta.

Lo voy a explicar con el “ejemplo futbolístico”. Si alguien lee dicho ejemplo y sigue sin pillar el concepto, creo que me rindo.

Ejemplo futbolístico

Supongamos la existencia del país “Futbolia” y demos por bueno que su liga la juegan 20 equipos. Supongamos que el total de goles acumulados al final de la liga en cada uno de los últimos diez años ha sido:
·         2017-2018: 702 goles.
·         2016-2017: 688 goles.
·         2015-2016: 672 goles.
·         2014-2015: 692 goles.
·         2013-2014: 711 goles.
·         2012-2013: 740 goles.
·         2011-2012: 719 goles.
·         2010-2011: 741 goles.
·         2009-2010: 728 goles.
·         2008-2009: 717 goles.
El promedio de estos últimos diez años sería 711 goles/temporada.
Ahora supongamos que las cifras de los 20 años anteriores habían sido 643, 649, 701, 636, 684, 682, 699, 661, 653, 679, 682, 709, 699, 673, 680, 690, 659, 692, 677, 684, con un promedio de 676’6 goles/temporada. 
(Son datos reales de una competición real, pero eso ahora es lo de menos).
Con estos datos, podríamos afirmar que en la última década se ha producido un “aumento global de goles”, que podríamos cifrar, aunque la cuenta no está del todo bien hecha, en un 4’8%.

Imaginemos que el “Atlético Ganímedes” lleva diez partidos seguidos acabando cero a cero. Sus aficionados se lamentarían, señalando el doble cero del marcador. 
Uno diría: “¿Qué, dónde está el aumento global de goles? Porque yo llevo ocho partidos sin ver ni uno.” 
Y otro diría: “Los que siguen creyendo en el aumento global de goles podían venir a ver los ceros que nos estamos comiendo en mi campo. No metemos un gol ni a puerta vacía.”

Con el ejemplo futbolístico se ve muy claro — creo yo — que “El aumento global de goles en la liga” es una cosa y “La horrible racha de ceros que lleva mi equipo” es otra; y muy distinta. 
Se ha producido un AUMENTO GLOBAL en el cómputo total de goles. 
Que el “Yukón Express” acumulase quince partidos sin marcar un gol, no invalidaría el aumento global de goles, como tampoco aumentaría su veracidad el hecho puntual de que el “Arizona Madness” tuviese un domingo loco y metiese veinte. 
Lo que le pase o le deje de pasar al equipo de tu pueblo, ni invalida ni refuerza la validez de la afirmación. ¿Sí?

(II)
Volvemos a la Geología
Para entender cabalmente qué es el calentamiento global, es imprescindible empezar por distinguir “calor” de “temperatura”. O, mejor dicho, distinguir “energía térmica” de “temperatura”.
La energía térmica es una forma de energía almacenada en un cuerpo. Se ha podido almacenar por irradiación (lo hemos puesto frente a una estufa encendida), por rozamiento (así ocurre cuando nos frotamos las manos y notamos que se calientan), por contacto con un cuerpo caliente (si echamos a la piscina una viga de acero precalentado, es obvio que cederá calor al agua) o de otras muchas maneras.
Para medir dicha forma de energía, la térmica, puede usarse la unidad “caloría”. Una caloría es la cantidad de calor que hay que comunicarle a un gramo de agua para que aumente su temperatura un grado centígrado (definición simplificada).
En el caso de la Tierra, amén del calor interno que ceden los volcanes a la atmósfera, el calentador principal es el Sol y el acumulador principal es el agua de los océanos.

La temperatura es algo muy distinto. La temperatura de un cuerpo es una medida de la movilidad de sus moléculas o átomos. Así, las moléculas de agua contenidas en una olla a 60º C vibran más deprisa que las moléculas de agua contenidas en una olla a 40º. Si a presión atmosférica alcanzan  100 º C, vibran tan deprisa que pasan a estado de vapor y son capaces de salirse de la olla (a esto lo llamamos hervir). Si a presión atmosférica alcanzan 0º C, vibran tan poco que “dejan de empujarse y apartarse las unas a las otras”, de modo que se apelotonan muy juntitas y forman hielo.

Sigamos.
Supongamos una cierta cantidad de energía térmica, por ejemplo mil calorías. Si le comunicamos mil calorías a mil gramos de agua (un litro), la temperatura de esta agua subirá un grado. Si esa misma cantidad de calor se la comunicamos al agua de una piscina olímpica, no subirá de temperatura nisiquiera una millonésima de grado. Y si se la damos al océano pacífico, ni se entera. De hecho, el agua es la sustancia que más energía térmica necesita para aumentar su temperatura. Si esas mismas mil calorías se las comunicamos a un kilo de acero, no subirá su temperatura un grado sino casi nueve. Por eso es tan fácil enfriar metales con agua: cada nueve grados que le quitas al acero, el agua sube uno. El agua es un excelente acumulador de energía térmica.

Pues bien, esta es la definición de “calentamiento global”, igualita que la referida a goles: "La cantidad total de energía térmica acumulada en el planeta Tierra ha aumentado con respecto a décadas pasadas. Lo que le pase o le deje de pasar al clima de tu pueblo, la temperatura que registre el termómetro de tu balcón, las nevadas que caigan en tu barrio, ni invalidan ni refuerzan la tesis."

(III)
¿Y por qué se acumula ahora más que antes? 
Demos el siguiente paso para verlo.
El Sol irradia sobre la Tierra una cierta cantidad de calor. De esa energía térmica, una parte se acumula en tierra firme y otra parte, la mayor, en los océanos. Si fuese siempre de día, los océanos se habrían evaporado hace muuuuuchos siglos.  Durante la noche, el calor acumulado se irradia al espacio en forma de radiación infrarroja, para lo cual debe atravesar la atmósfera. Supongamos que la atmósfera terrestre fuese tan fina y delicada como la atmósfera de Marte: la radiación infrarroja escaparía al espacio con tal facilidad que el planeta se enfriaría enormemente cada noche y el casquete polar norte llegaría a Escocia. Supongamos que fuese tan densa y tan voluminosa como la de Venus: la radiación infrarroja se vería atrapada en la atmósfera y no podría escapar al espacio, de modo que el planeta apenas tendría tiempo de refrigerarse por las noches y el calor se acumularía convirtiendo al planeta en un horno inhabitable.

La atmósfera de la Tierra no es ni como la de Marte (muy tenue) ni como la de Venus (espesísima). Con la ayuda del océano, que es un excelente acumulador térmico capaz de retener millones y millones y millones de calorías sin que la temperatura apenas varíe, la atmósfera terrestre casi logra mantener constante la temperatura del planeta. Es una maravillosa mezcla de gases que durante la noche deja escapar al espacio la mayor parte de la radiación infrarroja y retiene el porcentaje justo para mantener la superficie de la Tierra, en promedio, a 15º C. 



El porcentaje de energía que se queda retenido en el planeta depende, sobre todo, de la cantidad de dióxido de carbono presente en la atmósfera. Si dicha cantidad disminuye, nos parecemos a Marte y nos congelamos. Si aumenta, nos parecemos a Venus y nos cocemos.
Hace medio siglo que el equilibrio se ha roto en favor de la segunda opción.
¿Alguien sigue sin entenderlo? ¿Alguien sigue pensando que el calentamiento global es un cuento?

(IV)
Hemos visto que el total de energía térmica acumulado en el planeta aumenta día a día y hemos visto que la mayor parte de esa energía acaba acumulándose en el mar.
Volvamos a pensar en una olla con agua puesta a calentar. Es un hecho experimental que no hace falta llegar a la temperatura de ebullición para que del agua de la olla salga vapor de agua. Todos lo hemos visto. Basta con suspender un cristal en la vertical de la olla para comprobar que, al calentar el agua, el cristal se empaña, incluso mucho antes de alcanzar los 100ºC.  
Por otro lado, resulta experimentalmente obvio que cuanto más calor absorbe el agua, más cantidad de vapor desprende y más se empaña el vidrio.
Con esto acabamos de explicar por qué el calentamiento global (concepto 1) acaba provocando un cambio climático (concepto 2).

Repitámoslo.
Dado que el Sol está emitiendo energía térmica sin descanso, el océano equivale a una inmensa olla puesta a calentar. Como ahora tiene más energía térmica que hace, digamos, cien años, desprende más vapor. Por tanto, se forman más nubes. Por tanto, en términos globales, en la Tierra tiene que llover más, o nevar más, o ambas cosas. Y como ahora contiene más agua, la atmósfera, en términos globales, pesa más. Por tanto, los vientos deben moverse de otra manera. 



  Lo mismo les ocurre a las corrientes oceánicas: al contener el agua más energía térmica, se puede disolver más sal, lo que aumenta tanto su densidad como su viscosidad. Por tanto, el agua de los océanos está más caliente, más salada, más densa y más viscosa que hace cien años. Por tanto, se moverá de distinta manera a como se movía hace cien años.



En definitiva, los patrones de viento cambian, los patrones de lluvia cambian, las corrientes oceánicas cambian. 
Lo repito otra vez: como consecuencia de la mayor energía térmica retenida, el clima cambia. Así, nieva donde no nevaba, aparecen zonas desérticas donde no las había, se forman huracanes que giran al revés de como lo han hecho siempre, cambian de fecha los monzones, cambian las aves sus épocas migratorias, cambian los humanos sus rutas aéreas para adaptarse a los nuevos vientos… 
Bienvenidos al nuevo mundo.

(V)
Hemos visto que en el CALENTAMIENTO GLOBAL y en el consecuente CAMBIO CLIMÁTICO, el aumento en la concentración atmosférica de dióxido de carbono es el parámetro más influyente.
Pero nada se ha dicho de la causa de dicho aumento.
¿Tenemos nosotros la culpa... el aumento se debe al uso masivo de combustibles fósiles?
¿O se debe a la actividad digestiva del ganado?
¿O se debe a la actividad volcánica?
En mayo de 2020, la respuesta es esta: "Parece que la culpa es nuestra, pero no está claro al cien por cien".

(VI)
Hay personas que pretenden usar el cambio climático como excusa para subir impuestos ya existentes (el de circulación, por ejemplo) y para inventarse otros que de momento no existen (el impuesto para la conservación del paisaje, por ejemplo).
Quienes piensan que subir impuestos es casi siempre una mala idea, llaman a los primeros "calentólogos". Pero esto es un grave error. Dado que el calentamiento global sólo puede negarse desde la ignorancia científica, quien llama despectivamente "calentólogas" a esas personas se está tirando piedras en su propio tejado, pues está quedando como un ignorante.
Además, es un hecho experimental que quienes creen que subiendo impuestos van a arreglar el mundo, lo siguen creyendo les digas lo que les digas.
Y con los hechos experimentales no se discute.




martes

9: La extinción de los dinosaurios

(I) 
Durante años, la extinción de los dinosaurios fue un misterio.



A partir de un cierto estrato, desaparecían del registro fósil miles de especies que durante millones de años habían ocupado los puestos de honor en el entramado de los ecosistemas terrestres; especies que habían desempeñado papeles estelares, se esfumaban – nunca mejor dicho – sin dejar rastro.
¿Por qué?

Las primeras explicaciones iban desde una intoxicación masiva que los había envenado a todos hasta la posibilidad de que se hubieran extinguido de manera gradual y si su desaparición nos parecía brusca no era porque de hecho lo hubiese sido, sino por nuestra torpeza al buscar fósiles y porque pocos centímetros arriba o abajo en una excavación pueden suponer una diferencia significativa en la datación de los restos encontrados; de hecho, aunque la última palabra a la hora de datar restos la tengan los métodos radiométricos y no la estratigrafía clásica, la medición precisa de la profundidad a la que se halló un resto sigue siendo importantísima para poder comparar con estratos de otros continentes.

¿Y por qué me pongo yo a escribir una entrada sobre este tema?
En parte porque hay gente convencida de que la desaparición de los dinosaurios sigue siendo un misterio, y tal vez este texto les sea útil. Pero sobre todo porque entre las características que definen al siglo XXI podemos destacar una que hace dos décadas nadie habría sospechado: “En internet abundan las páginas – vídeos, especialmente – dedicadas a propagar auténticos disparates diciendo que son teorías científicas o que tienen el respaldo de algunos científicos o que proceden de una investigación científica. Lo bueno es que se distinguen a primera vista: el supuesto científico nunca tiene nombre propio. Lo malo es que abundan hasta tal punto que miles de personas dan por bueno el disparate.”
Ya va siendo hora de presentar batalla. Y el asunto de los dinosaurios no parece mala opción para una primera escaramuza.

(II)
Para empezar, es imprescindible entender que las ciencias experimentales – y sobre todo las descriptivas, como la Botánica o la Geología – no pretenden explicar nada de forma dogmática o axiomática; no pretenden explicar nada al modo de la Geometría (un teorema se demuestra una vez y ya queda demostrado para siempre) ni al modo de la Teología (la verdad es la que es porque nos ha sido revelada por un ser superior).
La ciencia no funciona de ninguna de esas dos maneras.
Lo que la ciencia hace ante una duda es “ofrecer la propuesta de explicación más simple posible con los datos disponibles”. En menos palabras, “proponer una hipótesis”. A veces, los nuevos datos corroboran la hipótesis y esta se consolida como “la mejor explicación que tenemos por ahora”. Otras veces, los datos tiran por tierra la hipótesis y deben proponerse alternativas. Esta es la Regla Número 1 de la Ciencia.
La Regla Número 2 establece que en la hipótesis no pueden incluirse elementos no observables o – no entro ahora en este matiz – no medibles.

Quien no quiera jugar con estas reglas está en su derecho, pero que no diga que está haciendo ciencia. Estará haciendo otra cosa. Exactamente igual que está en su perfecto derecho quien quiera jugar con un balón esférico, pero que no diga que está jugando al rugby. Así, del mismo modo que quien quiera jugar al rugby debe respetar el reglamento del rugby, quien quiera hacer ciencia deberá respetar las reglas de la ciencia: se propone una hipótesis observable, se contrasta con las pruebas, queda reforzada si hay pruebas a favor (cuando son muchas y contundentes la hipótesis asciende al rango de Teoría) o queda rechazada si las pruebas están en contra. No hay más.

Piensa en esto cada vez que alguien te quiera "vender la moto” de que te está contando algo “científico” y a continuación te diga – el ejemplo no es invención mía, es un ejemplo real oído en un debate televisivo – que hay “pruebas científicas” de que una cierta dieta beneficia al espíritu. 
Como el espíritu es un no observable, lo que te están contando puede ser interesantísimo, sí; puede ser digno de reflexión, sí; pero científico, no. 
Defender que hay “pruebas científicas” referidas a algo no observable es como defender que ha habido una canasta de tres puntos en un partido de tenis. Piensa en este ejemplo deportivo cada vez que quieran contarte un cuento.

(III)
Si de verdad se quiere actuar con mentalidad científica (lo cual, por supuesto, no es obligatorio; puede usted actuar de otro modo si quiere, pero luego no adultere el significado de las palabras) hay que dar tres pasos.

El primero consiste en quitarle la etiqueta “científica” a toda explicación que incumpla las reglas.
Ejemplo exagerado pero no inventado: “Los dinosaurios se extinguieron porque Dios tomó la decisión de exterminarlos y los mató a todos”. Incumple la regla número dos. No es una explicación científica. ¿Usted considera que esta explicación es la correcta? Está en su perfecto derecho; pero no diga que la explicación además de parecerle correcta es “científica”. Se ponga como se ponga, no lo es. 

El segundo paso es archivar en un cajón las explicaciones no verificables.
Ejemplo que tampoco me invento yo; lo propuso en un documental un señor que se había peinado con un ventilador: “Los dinosaurios no se extinguieron, sino que fueron sacados del planeta. Desaparecieron del registro fósil porque una serie de sucesivas expediciones de zoólogos extraterrestres se los llevó en sus naves”.

 
Aragornbird. Devianart.

Es una hipótesis muy pintoresca, que no incumple la regla dos. Pero no es la más simple: añade un elemento (los expedicionarios cósmicos) del que no hay suficientes registros o pruebas o indicios.
Por lo que a la ciencia se refiere, el primer ejemplo ni tan siquiera se admite a trámite (jamás podrá admitirse porque Dios es un no observable); el segundo ejemplo está en un cajón (quizá algún día se encuentren nuevas pruebas que obliguen a reconsiderar esa propuesta tan “peliculera”: el esqueleto de un ictiosaurio con un anzuelo en el paladar, por ejemplo).

INCISO: Las personas religiosas no tienen ningún motivo para sentirse ofendidas por lo anterior. Usted puede creer que Dios existe, que Dios creó el universo, que nos va a juzgar después de muertos… Usted está en su perfecto derecho de creer todo eso; pero en un texto científico a Dios no se le admite como explicación de nada porque es un no observable. Esto no es ninguna ofensa. Es una restricción que la ciencia se autoimpone a priori: los entes no observables ni se nombran. 

El tercer paso es formular bien las preguntas.
No se trata de “¿Por qué se extinguieron los dinosaurios?” sino que se trata de “En el registro fósil se observa que hace sesenta y seis millones de años se produjo la brusca desaparición de unas especies (casi el 80% de las presentes) y la supervivencia de otras; entre las supervivientes de tierra firme, raramente encontramos ejemplares que superen los 30 kg de masa corporal; ¿cuál es la mejor hipótesis que podemos ofrecer para justificar estos hechos?”
¿Se aprecia que la pregunta es muy distinta? No sólo se extinguieron los dinosaurios; también un considerable número de plantas y de peces y de cocodrilos. Y no se extinguieron TODOS los dinosaurios; algunos siguen aquí: solemos llamarlos pájaros. Y fueron los animales más grandes los que llevaron la peor parte, mientras los pequeños sobrevivían. ¿Se ve que la pregunta no es la misma?

(IV)
Y bien, ¿cuál es la mejor hipótesis que puede ofrecer la ciencia a fecha de hoy (septiembre 2017) para justificar razonadamente la extinción masiva de hace 66 millones de años?
Sí, sí, lo has acertado: la hipótesis del meteorito. Ésa es la mejor ahora mismo (la tilde la he puesto adrede).

¿Y por qué hay tantas personas dedicadas a renegar de la hipótesis del meteorito?
Por la misma razón por la que hay cientos de videos en internet renegando de la Teoría de la Evolución, propuesta por Darwin en 1855: porque no la han estudiado. No critican la Teoría de la Evolución; critican un conjunto de ideas que confunden con la Teoría de la Evolución.
Del mismo modo, no critican la hipótesis del meteorito; critican la interpretación que ellos dan a la hipótesis del meteorito.

Empezaré con un ejemplo muy bestia: “Lo del meteorito es una chorrada; ¿qué pasa, que se pusieron de acuerdo todos los dinosaurios para juntarse todos bien apretados justo donde iba a caer y que los pillase debajo?”. He oído en serio esta crítica. Pero es que la hipótesis del meteorito no dice que les cayese en la cabeza y los matase del golpe.

Un ejemplo más sutil: “Si el meteorito acabó con los dinosaurios, tendría que haber acabado también con los tiburones, con las arañas, con los sapos y hasta con las lechugas”. También he oído esta crítica. Pero es que la hipótesis del meteorito no dice que “el gran pedrusco” arrasase con todo, dejando a su paso el suelo pelado y los mares resecos, ni dice que el meteorito tuviese voluntad y eligiese “a ti te mato, a ti  no, a ti sí, a ti no…”

No se está criticando la hipótesis del meteorito. Se está malinterpretando la hipótesis del meteorito.
Intentaré explicarla bien, a ver si algún detractor dice “Caramba, caramba, reconozco que me lo había imaginado de otra manera”.

(V)
Los primeros que propusieron la hipótesis del meteorito fueron los doctores Louis y Walter Álvarez (padre e hijo).

 

Estudiaron la capa límite por encima de la cual no se encuentran restos de dinosaurios (Límite K/T suele llamarse) y hallaron dos pistas fundamentales: una concentración anormalmente alta de Iridio asociado a esférulas de Níquel-Platino y una capa de hollín mezclado con polvo rocoso rico en cuarzo, que contenía tectitas y en la que posteriormente se comprobó la existencia de un pico altísimo de esporas vegetales que no habían llegado a eclosionar. Tanto la concentración de Iridio-Níquel-Platino como el hollín con las esporas, decrecían ligeramente hacia los polos (los valores mínimos están en Siberia y en la Patagonia) y alcanzaban los valores máximos en los yacimientos norteamericanos, por ejemplo en Starkville y en Hell Creek.

El hollín y las esporas incapaces de eclosionar nos están hablando de un incendio masivo, que afectó a la vegetación de casi todo el planeta. El níquel, el platino, el cuarzo y las tectitas nos están diciendo que el incendio no lo provocó un rayo, sino algo capaz de liberar una energía muchísimo mayor: tanta como para que puedan formarse depósitos con cantidades apreciables de microesferas de níquel-platino, con cuarzo extraído de rocas profundas, y con tectitas, que no llegan a formarse con la energía liberada por ningún explosivo químico. El Iridio nos está diciendo que con el material terrestre hay mezclado material meteórico. Finalmente, las concentraciones decrecientes nos están diciendo que el punto de impacto se situó en los Estados Unidos o en México o cerca.

 

Con los datos estratigráficos, se calculó la energía necesaria y a partir de ella el tamaño que debería haber tenido un asteroide para provocar tal situación (los modelos informatizados de 2006 han corroborado los cálculos que se hicieron a lápiz a finales de los 80), y el tamaño y las características del cráter que habría dejado, cuyo diámetro primario se estimó en 200 km, con una falla externa de 220 o 230.

 

Como quiera que un cráter de 200 km debería ser fácil de ver y no se veía por ningún sitio, la hipótesis de Álvarez se quedó archivada casi 15 años. El descubrimiento de un cráter submarino frente a las costas de Yucatán, llevado a cabo por una prospección petrolífera, la volvió a sacar a la luz. La medición del cráter estableció un diámetro primario de 188 km con una falla externa de 240. La datación preliminar – por magnetoestratigrafía – del impacto fue de 65 millones de años.

(VI)
El cuadro queda así. 
Estamos a finales del Cretácico. Los ecosistemas existentes son tan complejos como los actuales, aunque con otros actores en los papeles de herbívoro, predador, carroñero... Los vientos y las corrientes oceánicas son más suaves que ahora (se sabe por el tipo de sedimentos). La temperatura promedio y la concentración de oxígeno en la atmósfera son ligeramente mayores que las actuales, de modo que la zona del planeta rica en vegetación es más extensa y exuberante que la actual, pudiendo mantener a los mayores herbívoros que jamás han pisado la tierra (el no va más es un "monstruo" encontrado en Argentina, claramente por encima de las 100 toneladas), los cuales a su vez alimentaban a carnívoros tan gigantescos que de tenerlos hoy día en un zoo necesitarían media tonelada diaria de carne, y puede que me quede corto.


Pero el paraíso estaba a punto de acabarse de golpe.
La mecánica celeste decreta que un meteorito de casi doce kilómetros de diámetro (puesto sobre la ciudad de Zaragoza, la taparía entera), con una masa que no estaría muy lejos de 3’5.1015 kg, impacte en lo que ahora es el golfo de México. Doce kilómetros de diámetro quiere decir que en el instante en que un extremo toca tierra, el extremo superior está más alto que el Everest. Mucho más alto. Como la velocidad de impacto ronda los 50.000 km/h, nadie habría podido apreciar ese detalle: de haber estado allí mirando, el choque de toda la masa nos habría parecido instantáneo. El impacto fue tan potente que su energía cinética atravesó el planeta y desató una ola de erupciones volcánicas en lo que entonces eran los antípodas de México, la actual India.


El penacho térmico de material rocoso vaporizado alcanzó los 1.500 ºC en el punto de impacto y la onda térmica rodeó el planeta entero en una hora, provocando miles de incendios forestales, que estuvieron activos aproximadamente una quincena. La capa de escombros rocosos pulverizados que quedó en suspensión en las capas altas de la atmósfera fue tan voluminosa que ocultó la luz solar, dejando a la tierra sumida en la oscuridad y el frío durante siete, ocho o nueve meses; algunos modelos informáticos alargan esta etapa hasta los 30 años de duración, durante los cuales la temperatura promedio de la Tierra habría bajado de 20ºC a tan solo 9ºC. La oscuridad reinante provocó una reducción drástica de la fotosíntesis, lo que a su vez bloqueó el crecimiento de las plantas.
Y si las plantas no crecen... no hay comida para nadie.

La situación provocada por el metorito se resume en "poca comida y mucho frío". Así que cuanto más grande seas y más comida necesites, peor. Cuanto más restringida sea tu dieta, peor. Cuanto menos eficiente sea tu sistema de termoregulación, peor. Cuanto más difícil te sea esconderte en madrigueras o cuevas o bajo el agua, peor.
Los seres vivos más especializados y más masivos, tuvieron pocas probabilidades de sobrevivir a las durísimas condiciones que provocó el meteorito. Los pequeños y polivalentes, muchas más.
El imponente tiranosaurio sucumbió. La insignificante hormiga, la diminuta lagartija, el humilde gorrión, pasando hambre y frío, escondidos la mayor parte del tiempo, resistieron. 
Casi se me olvida... También aguantaron el tipo unos topillos omnívoros, medio ciegos, que a duras penas llegaban a pesar cincuenta gramos. Gracias a ellos estás tú ahora leyendo.



(VII)
Hay quien piensa que los estratos se datan a ojo de buen cubero y hay quien piensa que no existe más método de datación absoluta que el carbono-14. Incluso hay quien piensa que entre la datación del límite K/T y la datación del cráter meteórico hay márgenes de error de casi medio millón de años, lo cual invalidaría la explicación anterior. Pero no es así. 
En abril de 2008 publicó la Berkeley University un artículo rebajando el margen de error a 40.000 años.
Este es el artículo original de la Berkeley University


Más recientemente, en febrero de 2013, otro equipo de investigadores del Centro Geocronológico de Berkeley (BGC), dirigido por el doctor Paul Renne, publicó el resultado de sus últimos análisis por radiometría de potasio-argón. Tanto las tectitas del límite K/T como el cráter Chicxulub – que así se llama – son de hace 66.038.000 años, con un margen de error de 5.500 años. 
En este artículo recoge la noticia el ABC


Y este margen de error, que empezó en 300.000 años y ahora está en 5.500, se seguirá reduciendo en la medida en que aumentemos la precisión del instrumental.

(VIII)
En resumen, que los dinosaurios (y con ellos todos los que pesaban más de 30 o 35 kg) se extinguieron porque no pudieron adaptarse a las condiciones medioambientales extremas que provocó la caída de un gran meteorito, ¿es la verdad absoluta? 
Pues claro que no. Si la verdad absoluta, en ciencia, ni siquiera existe, ¿cómo va a serlo?
Pero por ahora es la mejor hipótesis.





domingo

8: Un examen muy friki


1: INTRODUCCIÓN

Entre los profesores de la UPC (Universidad Politécnica de Cataluña) hay un buen porcentaje de adictos confesos a la ciencia ficción. Tal vez por eso, dicha universidad organiza el PREMIO UPC DE NOVELA CORTA DE CIENCIA FICCIÓN, cuyo jurado está compuesto por profesores de la misma; en concreto, tres físicos, un matemático y un ingeniero con doble doctorado, en computación y en astronáutica.
No es de extrañar que fuese precisamente en la UPC, allá por el 2009, donde los alumnos de Física I se encontraron este maravilloso enunciado en el examen de Física Relativista. El profesor “culpable” lleva décadas usando novelas y películas de ciencia ficción como parte del instrumental de enseñanza. Posiblemente, es el enunciado más friki de la historia.



2: ENUNCIADO DEL EXAMEN

El pobre Chewbacca lleva unos días traumatizado. En una estación espacial encontró un libro de relatividad especial y descubrió que las leyes físicas prohíben los viajes a velocidades superiores a la de la luz. Vamos, que el salto hiperespacial es un timo. Cuando el capitán Solo se entera no atiende a razones. Dentro de poco han de pasar la ITV, le pedirán la velocidad punta de la nave y se acaba de dar cuenta de que si responde que supera la velocidad de la luz se reirán de él. El problema es que la documentación técnica del Halcón Milenario desapareció durante el último brote de gastroenteritis en la nave, de forma que no pueden consultar los manuales. El capitán Solo, con su habitual diplomacia, exige a Chewbacca que descubra la velocidad punta de la nave en un fin de semana o lo esquilará como a una oveja.
Chewbacca estudia el manual de los destructores imperiales y lee que su velocidad de crucero es v=c/5. La última vez que huyeron de un destructor imperial, el radar marcaba una velocidad relativa de 4c/5.

1.- Calcula la velocidad punta del Halcón Milenario.

Ya más tranquilo, Chewbacca sigue aprendiendo relatividad y se da cuenta del fenómeno de las contracciones y dilataciones de longitud. Reflexiona que las cartas de navegación de la nave se tendrían que retocar.

2.- Si para ir desde el sistema Hoth al sistema Dagobah necesitaban viajar una hora, determina cuál es la distancia estelar entre estos dos sistemas.


                                                      

Chewbacca, en la estación de Motcada y Reixac, 
reflexionando sobre el espacio y el tiempo. 
Entre las manos (el pelo lo tapa) 
lleva el libro de relatividad especial.


Finalmente, leyendo el capítulo sobre dilatación temporal, se queda consternado al darse cuenta de que prometió a su familia una visita anual.

3.- Si lleva 9 meses viajando a una velocidad media de v=3c/4, determina cuánto tiempo lleva su familia esperándole.

Observaciones finales: El Halcón Milenario no pasó la ITV. La protectora de animales impidió que Chewbacca perdiera su lograda melena; aún así, no pudieron evitar que su padre lo desheredara. Poco tiempo después, el libro de relatividad especial siguió el mismo fin que el manual técnico del Halcón.



3: RESOLUCIÓN DEL EXAMEN

Si está mal, la culpa es absolutamente mía, no de Einstein ni de Lorentz, que en eso no hay relativismo que valga. Es más, si alguien afirma “Todo es relativo”, concluimos con certeza absoluta que no ha entendido los trabajos de Einstein sobre relatividad.


CUESTIÓN 1

En física newtoniana, si un móvil me persigue con velocidad vperseguidor  y yo me escapo con velocidad vpropia, la velocidad relativa con que lo veo en mi radar es


A velocidades cercanas a la de la luz, dicha fórmula nos daría un gran error. En este caso, nos daría vpropia=c, lo cual es imposible porque para ello o bien la masa de la nave debería ser cero o bien infinita la energía que aportan sus motores.
Para velocidades relativistas, debe aplicarse la fórmula de Lorentz:


que, adaptada a nuestro problema, quedaría


Sustituyendo los datos, queda:


Despejando,


de donde



De la Tierra a Marte en lo que cuesta tirar una pinta de Guinness.
O (nunca es tarde para intentar asimilar lo grande que es la Vía Láctea) ciento setenta y cinco milenios para cruzarla de extremo a extremo, medidos desde la Tierra. Queda demostrado que “La guerra de las galaxias” no pasa de ser “La guerra en un pequeño rincón de una única galaxia”. El original inglés, “Star wars”, era más modesto.


CUESTIÓN 2

Si viajando a velocidad 25c/29, hemos medido 1 hora para ir de Hoth a Dagobah, la distancia entre dichos sistemas aparenta ser 6’14UA, o sea 922 millones de kilómetros. Pero esa no es la distancia estelar. En la hora que invierte el Halcón en ir de Hoth a Dagobah, un observador terrestre habría medido un tiempo t > 1 hora.
Para calcular dicho tiempo, calculamos el coeficiente de transformación de Lorentz,


Por tanto,

tobservador terrestre = 1:0’507 = 1’972 h = 1 hora 58 minutos 21 segundos.

Como la velocidad de la nave es 6’14 UA/h, medido desde la Tierra el espacio recorrido habrá sido 6’14.1’972=12’11 UA. Por tanto, la distancia estelar entre el sistema Hoth y el sistema Dagobah – la que medimos desde un sistema en reposo respecto a ambos – es 12’11 UA, o sea 1.815 millones de kilómetros. Esa es la distancia que debería constar en las cartas de navegación.


CUESTIÓN 3

A velocidad 3c/4, resulta γ=0'66. Por tanto, si en el interior del Halcón Milenario han pasado 9 meses, en la Tierra han pasado 9:0’66=13’606 meses; 13 meses y 18 días.
Chewbacca – podemos estar absolutamente seguros – no va a llegar a tiempo de cumplir su promesa.
Por idéntico razonamiento, los 175.000 años que necesita el Halcón Milenario para cruzar la Vía Láctea a velocidad máxima, medidos dentro de la nave sólo son 88.800. Flaco consuelo.







jueves

7: Traduciendo a Shakespeare


Si no recuerdo mal, dije en una entrada anterior que me pensaba tirar de cabeza en el asunto de las malas traducciones; lo cual, tanto cabe aquí como en la sección de CINE, donde podríamos recordar perlas de incalculable valor.
Ahí van dos ejemplos muy sencillitos.

Je vous salue, Marie”, de Jean Luc Godard, se estrenó en España como “Yo te saludo, María”, traducción que solo se le ha podido ocurrir a quien no ha vivido en Francia ni dos minutos.
“Je vous salue, Marie” es el inicio del Ave María en francés, luego debió traducirse “Dios te salve, María”. Título precioso donde los haya, por cierto.



What’s up, doc?”, de Peter Bogdanovich – Barbra Streisand borda su papel, pero esa es otra historia – se tradujo en España “¿Qué me pasa, doctor?”. En la película aparece Bugs Bunny diciendo eso de “What´s up, doc?”, que en los dibujos animados se lleva traduciendo desde tiempo inmemorial con este acierto impagable “Esto... ¿qué hay de nuevo, viejo?”. Sí, eso es, “¿Qué hay de nuevo, viejo?”, excelente título para una película en la que no hay ni docs ni doctores ni médicos ni enfermedades ni le pasa nada a nadie que requiera hospitalización y en la que el protagonista se inspira viendo a Bugs Bunny en la tele.


Supongo que el origen del mal resulta obvio: se ha traducido – es un decir, perdón por el verbo – al pie de la letra, palabra por palabra, de forma literal; sin pararse a pensar que hay que traducir ideas, no palabras sueltas.

¿Os han parecido graves los ejemplos sacados del CINE?
Eso no ha sido nada. Estamos en la sección CIENCIA. Agarraos a la barandilla...

La Tierra se formó hace 4'5 billones de años”.

¡Dios mío! Lo he leído tantas veces que casi he llegado a acostumbrarme.
Es como habituarse a ciertos venenos. Dosis iniciales muy pequeñas pueden irse incrementando de forma paulatina hasta que llegamos a tolerar sin despeinarnos una dosis que tumbaría a un búfalo. Ocurre exactamente igual con las drogas: el que lleva veinte años fumando se enciende un puro cubano, se lo fuma hasta quemarse las uñas y se queda tan feliz. Si yo me enciendo un puro cubano a la segunda calada me ingresan en la uci.

Ay, lo peor de todo es que a veces pienso que este problema no tiene remedio. Los que traducen textos del inglés al español suelen reconocer que no guardan buen recuerdo de la asignatura “Física y Química”, que jamás fue de su agrado. Algunos ni siquiera llegaron a cursarla. Y digo yo, ¿por qué aceptan traducir textos científicos? ¿Me meto yo a traducir a Shakespeare? Jamás se me ocurriría el atrevimiento.

La Tierra se formó hace 4'5 billones de años".

Sí, sí, que efecto tan curioso: la segunda vez que lo he tecleado me ha dolido menos en los dedos; se ve que las terminaciones nerviosas van perdiendo sensibilidad. Las de los dedos y las de los ojos.

Pensaba olvidarme de este asunto, de verdad, palabra de honor.
Pensaba dejarlo correr, pasar del tema, hablar de cualquier otra cosa; de las líneas de Nazca, pongo por caso.
De las traducciones chapuceras ya estoy DEMASIADO harto. No estaba dispuesto a dedicarle una entrada a esta cuestión. Pensaba tratar cualquier otro tema; por qué la extinción que arrasó con los dinosaurios perdonó a los caracoles, por decir algo.

Pero se me ha ocurrido poner en clase de “Ciencias para el Mundo Contemporáneo” el vídeo “Alienígenas”, de Discovery Channel, avalado por la firma y la presencia de Stephen Hawking.
¿Lo había visto yo antes de ponerlo en clase? Pues claro que sí, pero no soy perfecto: se me habían pasado por alto dos detalles que en el silencio del aula han sonado como dos cañonazos.

Primera patada en los tímpanos: “El agua es un elemento muy abundante en el universo”.

¡¡¡ ¿Qué? !!! El agua es un ¿qué? ¿Un elemento?

La segunda ha sido peor, si cabe. No me he caído al suelo porque cuando pongo un vídeo en clase lo veo de pie, al fondo del aula, cerca de las perchas; así que en lugar de caerme me he quedado colgando.

Stephen Hawking nos habla del satélite joviano Europa: “Es muy pequeño, apenas mide 1.300 Km de diámetro. Y muy frío: 260 grados bajo cero”.

Y el documental ha seguido.
Ni el ordenador ha explotado, ni los alumnos se han puesto a gritar, ni el universo ha dejado de expandirse.

¿Me lo repite? ¡Doscientos sesenta grados bajo cero! ¿Pero usted sabe lo que dice?

En cuanto he llegado a casa he oído la versión original.

Water is very common in the universe”.

Vale. No aparece la palabra elemento. Es un añadido del traductor, que ha creído que así embellecía el texto, como quien le añade morcilla a unos tallarines al pesto. No distingo si me quedo más tranquilo o más horrorizado.

Europe is very cold: minus two hundred and sixty degrees”.

Vale. Así, sí.
Al oírlo en inglés sí que me cuadra eso de “menos doscientos sesenta”.
Así, sí. Porque si oigo una voz que habla en inglés, sé que el que está hablando tiene dentro de la cabeza un cerebro QUE PIENSA EN GRADOS FAHRENHEIT.
Pero mis alumnos tienen dentro de la cabeza un cerebro QUE PIENSA EN GRADOS CENTIGRADOS. A ellos hay que decirles que Europa se encuentra a 160 grados bajo cero.


Fuera de contexto, “two hundred and sixty” se traduce “doscientos sesenta”, claro que sí.
¡Fuera de contexto!

Pero aquí hay un contexto. Estamos hablando de temperaturas. Cuando un hispanohablante oye “260 grados bajo cero” su cerebro procesa “260 grados centígrados bajo cero”.

Es lo que ha intentado procesar mi cerebro al oír el vídeo tan exquisitamente traducido, y casi se me cuece dentro del cráneo. Esa temperatura que no me atrevo a repetir sólo está 13 grados por encima del cero absoluto. Cualquier persona con sensibilidad científica oye eso y le entran espasmos. Semejante temperatura no se alcanza ni en el polo norte de Plutón.


¡Oh, my God, qué terrible sospecha!
¿Y si resulta que el traductor no sabe qué es el cero absoluto?


Lo dejo aquí. Es una batalla perdida.

“A lost battle”, que dirían los aficionados a traducir palabra por palabra, a ver si así sale una frase bonita. Eso si no hay alguno que prefiere “One battle lost”, que tampoco me extrañaría. O incluso “One battle losted”, que casi suena bíblico.
“A losing battle”, por si alguien se queda con la duda.
“I am fighting a losing battle”. Estoy librando una batalla perdida.

Y los alumnos, ¿qué dicen?
Que les ha gustado la peli. Que Stephen Hawking les parece un tío guay. Que la escena de los espejos rodeando una estrella hasta taparla es chupi y mola mazo.

Pues nada. Todo el mundo contento.
¿Qué os parece si lo traduzco así? “Entire the world cheerful”.
Fantástico. Como los “4.5 billions” traducido “4’5 billones” y a correr, claro que sí.
¿Qué hay de nuevo, María?

Y las comas y los puntos también los he puesto como se debe, que conste.

Si escribiese en inglés, entonces sí que tendría que poner 4.5 y 4,500 en lugar de 4’5 y 4.500. Pero no estoy escribiendo en inglés, estoy escribiendo en español; o sea, en el idioma en el que mis alumnos intentan procesar la información. Toda la información. Incluso la mal traducida.

Distinto idioma implica – aunque no necesariamente – distinto criterio al escribir los points, digo los dots, digo los o'clocks... digo... ¡los puntos y las comas!
Lo dicho, a losing battle.

A pesar de lo cual, a pesar de que sé que esta batalla está incluso más perdida que la guerra de los títulos, voy a proponer unos ejercicios de traducción por si alguien siente la tentación de ponerse a prueba a sí mismo.
Antes, he aquí las fórmulas para pasar de grados Fahrenheit a grados centígrados y viceversa.



Si os ponéis manos a la obra, no traduzcáis palabra por palabra, os lo suplico. Traducid la idea, que es de lo que se trata.


Exercises:

1/ The temperature at the surface of the sun is about 10,000 Fahrenheit. The temperature rises from the surface of the sun inward towards the very hot center of the sun where it reaches about 27,000,000 Fahrenheit.


2/ The human brain has from 10 billion to 100 billion neurons.


3/ On the side of the moon that the sun is shining on, the temperature reaches 260 Fahrenheit. That is hotter than boiling. On the dark side of the moon, it gets very cold, -280 Fahrenheit.


4/ This water is very hot: two hundred degrees.


5/ In 3.5 billion years from now, the Sun will be 40% brighter than it is today.



Soluciones razonables:

1/ La temperatura en la superficie solar es de unos 6.000ºC. Dicha temperatura se va incrementando a medida que nos internamos desde la superficie hasta el abrasador centro del Sol, donde se alcanzan alrededor de 15.000.000ºC.

2/ En un cerebro humano hay entre 10.000 y 100.000 millones de neuronas.

3/ En la cara de la Luna iluminada por el Sol, la temperatura alcanza 125ºC, más caliente que el agua hirviendo. Por contra, en la cara oscura, el frío es muy intenso: 170ºC bajo cero.

4/ Esta agua está muy caliente: a 93 grados.

5/ Durante los próximos 3.500 millones de años, la luminosidad del sol aumentará un 40%.


¿Has traducido bien todas las cifras? ¿Sí? Alabado sea el cielo. Qué alegría me acabas de dar.




sábado

6: Los calendarios de Asimov


Explicaba en mi anterior entrada sobre CIENCIA que cuadrar un calendario terrestre que respete el ciclo solar, el ciclo lunar, la inclinación orbital, los caprichos de los césares y las imposiciones del Génesis, todo a la vez, es imposible.
Y decía que iba a explicar en qué consisten los dos calendarios propustos por Isaac Asimov; primero, el que sería más sensato si nos quedásemos a vivir en la Tierra; segundo, el que lo sería si nos marchásemos a vivir al espacio.
Insisto en que son invento suyo, aunque existan otros parecidos.

UNO

El calendario sensato para seguir viviendo en la Tierra empieza por dividir el año en cuatro estaciones en lugar de dividirlo en doce meses.
Si cada estación tiene 91 días ocurren dos cosas muy interesantes. La primera: es muy fácil cuadrar un calendario perpetuo, que consistiría en repetir este esquema cuatro veces, una por estación. No se pueden llamar verano, invierno, porque en cada hemisferio van a la contra. Asimov, como buen cabeza-cuadrada, perdón, como buen científico, propuso llamarlos de la manera más simple posible: A, B, C, D. Cualquiera de las cuatro estaciones quedaría así:


Las ventajas son tan evidentes que citaré solo unas pocas:
- los 6 ejercicios de la entrada anterior se simplifican notablemente.
- los turnos de trabajo se pueden dejar cuadrados de una vez para siempre.
- los que se dedican a calcular estadísticas económicas no tendrían que andar quitando y poniendo días en sus cálculos trimestrales, semestrales o anuales.

Sin embargo, el sistema tiene una inexactitud: cada año estamos contando 4x91 días, que son 364. Falta uno para completar el año solar. Mejor dicho, falta uno coma veinticinco.
Apliquemos la solución egipcia: tras el 91 de la cuarta estación celebramos el día mundial del amor fraterno, que no está en el calendario ni falta que hace: es un festivo universal. Y en los años bisiestos, ese festivo dura 48 horas.

Con el nombre que acabo de inventarme, "Día Mundial del Amor Fraterno", ¿le podrá parecer mal a alguien?

Sí, sí que le puede parecer mal a alguien: estas opciones que implican tener días que no pertenecen a ninguna semana o mes disgusta a las personas que por motivos religiosos cumplen con un día de descanso cada siete. ¿Se puede solucionar de alguna manera? Lo único que se me ocurre es que acepten un día de descanso al año que en lugar de 24 horas dure 48. Tampoco me estoy inventando nada: el día de año nuevo judío se llama así, día de año nuevo, pero abarca dos días y dos noches, ¿o no?

Además, habría que elegir un momento para empezar la cuenta.

¿Estamos por la labor de ponernos de acuerdo y empezar a contar todos a partir de una misma fecha? Evidentemente, no.

De hecho, mientras estoy escribiendo se usan en la Tierra más de treinta sistemas calendáricos distintos, y cada uno empieza a contar en una fecha muy curiosa: para el dueño del calendario es de importancia crucial y para el resto de la humanidad es una fecha vulgar. Así, por poner unos pocos ejemplos, hoy es

en el calendario gregoriano, 27-Diciembre-2012,
en el calendario juliano, 14-Diciembre-2012,
para los hebreos, 14-Teveth-5773,
para los musulmanes, 13-Safar-1434,
para los que usan el calendario persa, 7-Dey-1391,
para los mayas, 13 0 0 0 6, 9 Kankin, 10 Cimi,
para unos hindúes, 6-Pausa-1934,
para otros hindúes, 16º día del 14º mes del 17º año del 9º ciclo de la 1ª era,
en el calendario republicano francés, 7-Nivôse-221,
según la norma ISO 8601, 2012-52-4,
día gregoriano, 362-2012,
día juliano, 2456288,
día juliano modificado, 56288,
según el contador universal de tiempo UNIX, 1356566400,
Microsoft excel serial day, 41270,
Macintosh excel serial day, 39808.

No sé, no sé... Igual sí que merece la pena que nos pongamos de acuerdo en cambiar este cóctel por una bebida más sencilla.


DOS

Isaac Asimov planteó en la década de los 90 una propuesta reformista para la medición del tiempo más osada aún que el calendario perpetuo de cuatro estaciones.
Como no tiene desperdicio, copio entero el artículo de Isaac Asimov. Si alguien me acusa de plagio es que es muy tonto; lo estoy poniendo bien clarito: el autor es Asimov; voy a copiar un artículo suyo entero, ¿sí, está claro?
Puede que alguien lo haya leído ya y lo encuentre raro, cambiado, extraño… Es normal: esta traducción del artículo es la mía, no la que se publicó en un MUY INTERESANTE de hace casi veinte años y que me parece horrible. Por ejemplo, nosotros no decimos “tres punto doce”, decimos “tres coma doce”.
Ay, qué poco mérito tienen las traducciones "al pie de la letra", qué mal suenan al leerlas en voz alta…

Le dedicaré una entrada al tema de las malas traducciones inglés-español, con su horror máximo a la cabeza: la pareja billion-billón. Si es que no puede ser... se ponen a traducir asuntos científicos sin haber cursado nada que huela a ciencia y cuando leen "The Sun was formed 4.6 billion years ago" se quedan tan campantes traduciendo así "El Sol se formó hace 4.6 billones de años". Mientras lo tecleaba yo me temblaban los dedos, no me obedecían, se negaban a escribir semejante dislate. He acabado por teclearlo con los pies ("with the foots", diría alguno que yo me sé...)

Vamos con el artículo de Asimov, maravillosamente bien traducido por mí (como no me aplaude nadie, me aplaudo yo)

Otro inciso: ahora viene cuando se cabrean los de MUY INTERESANTE. Venga, va, no os mosqueéis; me gusta mucho vuestra revista, en serio. Pero el asunto de las traducciones literales no tiene perdón de Dios...


<<< LA COLONIZACIÓN DEL ESPACIO Y LA MEDICIÓN DEL TIEMPO (Isaac Asimov)

Colonizar el espacio produciría cambios inesperados en la sociedad.
¿Qué efecto tendría, por ejemplo, en nuestros hábitos y costumbres a la hora de medir el tiempo?


El sistema actual es un complicado galimatías que depende de los accidentes astronómicos y que se basa en 5000 años de hábitos primitivos.


La duración del día es, naturalmente, el periodo de rotación de la Tierra alrededor de su eje, mientras que el año es el periodo de revolución alrededor del Sol. Ambos, día y año, ya no se avienen bien uno con otro, porque 1 año equivale a 365 días y un cuarto, lo cual complica mucho el establecimiento de un calendario. Si a esto añadimos el mes, que en su origen marcaba el período de revolución de la Luna alrededor de la Tierra, y la semana, que originalmente marcaba las 4 fases de la Luna, la situación se hace casi desesperada. Por si lo anterior fuese poco, dividimos el día en 24 horas, la hora en 60 minutos y el minuto en 60 segundos.





Ahora bien, una vez que la humanidad conquiste el espacio, ¿de qué le servirá nuestro enrevesado sistema de medición del tiempo? En las bases espaciales el año carecerá de estaciones, pues los habitantes podrán ajustar la luz a su gusto, por lo cual no habrá razón para mantener deliberadamente un año en el que los meses no cuadran de manera perfecta. Tampoco habrá ciclo lunar que dé sentido a los meses y a las semanas; e incluso el día será artificial, pues la alternancia entre luz y oscuridad podrá ajustarse a voluntad.
Si pensamos en la gente que viva en otros mundos naturales, no cabe duda de que las cifras heredadas de la astronomía terrestre serán irrelevantes. Por ejemplo, el día dura aproximadamente 24 horas en Marte, como aquí, pero el año marciano es casi dos veces el nuestro. En la Luna, el año es igual de largo que en la Tierra pero el día dura dos semanas.
Podría ser que los habitantes de distintas regiones espaciales quisiesen conservar el absurdo calendario terrestre por puro sentimentalismo o porque facilitase las relaciones económicas y culturales con la Tierra. Pero tarde o temprano surgiría un movimiento a favor de la implantación de un esquema racional, de un sistema que no esté ligado a los movimientos de un único planeta. Este esquema racional podría utilizarse en la vida cotidiana en el espacio. Por supuesto, un ordenador podría convertir fácilmente las fechas de un esquema a otro, si en un momento dado hiciese falta.


¿Cuál sería el esquema racional? He aquí mi propuesta.


Para empezar, podríamos mantener el día tal como está, no por su conexión con la Tierra, sino porque los seres humanos estamos adaptados a un ciclo natural de ritmos biológicos cuyo periodo es de 1 día poco más o menos; estos ciclos se llaman ritmos circadianos. Ahora bien, en lugar de dividir el día en 24 partes y estas a su vez en 60, aplicaríamos el sistema decimal y lo dividiríamos en décimas, centésimas, milésimas y diezmilésimas.
Una centésima de día son 14'4 minutos, prácticamente un cuarto de hora. Hay mucha gente que para las actividades ordinarias no necesita mayor precisión. Si uno pregunta “¿Qué hora es?”, la respuesta “cero coma setenta y dos” podría ser suficiente y significaría que han transcurrido 72 centésimas del día. Si aceptamos que el día comienza a media noche, sería el equivalente de las 17:17.


Si se necesita mayor precisión, podríamos dar el tiempo en milésimas o incluso en diezmilésimas. Una milésima de día equivale a 1’44 minutos y una diezmilésima a 8’64 segundos. Una precisión de diezmilésimas de día (“son las cero coma setenta y dos treinta y cuatro”) sería más que suficiente a todos los efectos, incluso si no queremos perdernos algo tan sensiblemente puntual como el despegue de una nave espacial.


La gente no tiene el hábito de dar el tiempo en forma decimal, por lo cual puede que haya un periodo de transición en el que resulte más cómodo usar nombres: por ejemplo, a una centésima de día podemos acordar llamarla "un rato" y a una diezmilésima "un instante". 

Así, si a uno le preguntan la hora podría contestar que son las “23 ratos y 42 instantes”, lo que significa que de hoy han transcurrido 0’2342 partes del día y son lo que ahora llamamos las 5:37 de la mañana.


En cuanto al calendario, 100 días podrían agruparse en una “estación” (E) y 100 estaciones, en una “generación” (G). Puesto que 100 estaciones (10.000 días) serían casi 27’5 años terrestres, tendríamos de manera aproximada la cantidad de tiempo que entendemos normalmente por “una generación”.
Solo haría falta acordar el momento a partir del cual empezamos la cuenta. Una vez tomado el acuerdo, podrían concretarse las fechas de esta forma: "15G, 84E, 06D". Incluso, una vez arraigado el sistema "G-E-D", simplemente diríamos 15-84-06.


En esencia, no estaríamos haciendo ni más ni menos que contar días; en la fecha del ejemplo, estaríamos diciendo que han pasado 158.406 días a partir de un origen de fechas arbitrario, previamente acordado.


Si quisiéramos situar un acontecimiento con segundos de aproximación, lo diríamos, por ejemplo, así: el 15-84-06 a las 0’0487, o así "a los 4 ratos y 87 instantes del día 15-84-06".


Todo esto suena un poco raro porque no estamos acostumbrados; pero cuánto nos facilitaría los registros del tiempo y qué conveniente sería, por mil razones, una vez que nos habituáramos. >>>


Este último método propuesto por Asimov es equivalente a la cuenta larga de los mayas, con la diferencia de que ellos contaban en base 20. Por lo demás, las ventajas son las mismas. Saber en qué fecha cae mi centésimo cumpleaños se vuelve trivial (y siempre cumpliré años en lunes); saber a qué fecha corresponde si quedamos dentro de 500 días, también se ha vuelto trivial; usando este calendario, saber cuántos días llevo vivo sólo requiere una resta.

Empezando el 21-12-2012, hoy 27-12-2012 quedaría 07-A-01 con el método del calendario perpetuo y 00-00-07 con el método espacial.

Sólo de escribirlo siento alivio. Si lo usásemos en lugar de nuestro calendario babilónico-egipcio-alejandrino-juliano-gregoriano-judaico-cristiano, creo que con cinco días de celebración haría corto.

Por cierto, si nos quedásemos a vivir en la Tierra adoptando el calendario perpetuo de 91 días por estación, ¿cuál sería mi propuesta para ese día que se queda fuera del calendario?
Antes he dicho que podíamos llamarlo "Día Mundial del Amor Fraterno" pero también me gusta la opción "Día para el Examen de Conciencia".

Ya oigo a mis críticos: tanto repetir que tienes la cabeza más cuadriculada que un tablero de ajedrez, tanto blog sobre CIENCIA, tanto repetir que lo ves todo con ojos de ingeniero, tanto rollo dedicado a la racionalización del calendario, y ahora nos sales con esta idea del examen de conciencia, que es una idea religiosa se mire por donde se mire. ¿Serás capaz de darle una explicación a esta incongruencia?

Sí, soy capaz.
El refranero español siempre tiene razón, y en una de sus sentencias nos recuerda

Lo cortés no quita lo valiente

Sentencia, dicho sea de paso, que constituye uno de los pilares fundamentales de la mentalidad samurái: valentía (勇 Yuu)  y cortesía (礼 Rei) deben ir indisolublemente juntas.


Le tengo que dedicar una entrada a las siete virtudes del bushido. Pero en otra sección. Y en otro momento. Voy a echarle un vistazo al calendario, a ver cómo voy de tardes libres.



Contador

Flag Counter