jueves

7: Traduciendo a Shakespeare

Si no recuerdo mal, dije en una entrada anterior que me pensaba tirar de cabeza en el asunto de las malas traducciones; lo cual, tanto cabe aquí como en la sección de CINE, donde podríamos recordar perlas de incalculable valor.
Ahí van dos ejemplos muy sencillitos.

Je vous salue, Marie”, de Jean Luc Godard, se estrenó en España como “Yo te saludo, María”, traducción que solo se le ha podido ocurrir a quien no ha vivido en Francia ni dos minutos.
“Je vous salue, Marie” es el inicio del Ave María en francés, luego debió traducirse “Dios te salve, María”. Título precioso donde los haya, por cierto.

What’s up, doc?”, de Peter Bogdanovich – Barbra Streisand borda su papel, pero esa es otra historia – se tradujo en España “¿Qué me pasa, doctor?”. En la película aparece Bugs Bunny diciendo eso de “What´s up, doc?”, que en los dibujos animados se lleva traduciendo desde tiempo inmemorial con este acierto impagable “Esto... ¿qué hay de nuevo, viejo?”. Sí, eso es, “¿Qué hay de nuevo, viejo?”, excelente título para una película en la que no hay ni docs ni doctores ni médicos ni enfermedades ni le pasa nada a nadie que requiera hospitalización y en la que el protagonista se inspira viendo a Bugs Bunny en la tele.

Supongo que el origen del mal resulta obvio: se ha traducido – es un decir, perdón por el verbo – al pie de la letra, palabra por palabra, de forma literal; sin pararse a pensar que hay que traducir ideas, no palabras sueltas.

¿Os han parecido graves los ejemplos sacados del CINE?
Eso no ha sido nada. Estamos en la sección CIENCIA. Agarraos a la barandilla...

La Tierra se formó hace 4'5 billones de años”.

¡Dios mío! Lo he leído tantas veces que casi he llegado a acostumbrarme.
Es como habituarse a ciertos venenos. Dosis iniciales muy pequeñas pueden irse incrementando de forma paulatina hasta que llegamos a tolerar sin despeinarnos una dosis que tumbaría a un búfalo. Ocurre exactamente igual con las drogas: el que lleva veinte años fumando se enciende un puro cubano, se lo fuma hasta quemarse las uñas y se queda tan feliz. Si yo me enciendo un puro cubano a la segunda calada me ingresan en la uci.

Ay, lo peor de todo es que a veces pienso que este problema no tiene remedio. Los que traducen textos del inglés al español suelen reconocer que no guardan buen recuerdo de la asignatura “Física y Química”, que jamás fue de su agrado. Algunos ni siquiera llegaron a cursarla. Y digo yo, ¿por qué aceptan traducir textos científicos? ¿Me meto yo a traducir a Shakespeare? Jamás se me ocurriría el atrevimiento.

La Tierra se formó hace 4'5 billones de años".

Sí, sí, que efecto tan curioso: la segunda vez que lo he tecleado me ha dolido menos en los dedos; se ve que las terminaciones nerviosas van perdiendo sensibilidad. Las de los dedos y las de los ojos.

Pensaba olvidarme de este asunto, de verdad, palabra de honor.
Pensaba dejarlo correr, pasar del tema, hablar de cualquier otra cosa; de las líneas de Nazca, pongo por caso.
De las traducciones chapuceras ya estoy DEMASIADO harto. No estaba dispuesto a dedicarle una entrada a esta cuestión. Pensaba tratar cualquier otro tema; por qué la extinción que arrasó con los dinosaurios perdonó a los caracoles, por decir algo.

Pero se me ha ocurrido poner en clase de “Ciencias para el Mundo Contemporáneo” el vídeo “Alienígenas”, de Discovery Channel, avalado por la firma y la presencia de Stephen Hawking.
¿Lo había visto yo antes de ponerlo en clase? Pues claro que sí, pero no soy perfecto: se me habían pasado por alto dos detalles que en el silencio del aula han sonado como dos cañonazos.

Primera patada en los tímpanos: “El agua es un elemento muy abundante en el universo”.

¡¡¡ ¿Qué? !!! El agua es un ¿qué? ¿Un elemento?

La segunda ha sido peor, si cabe. No me he caído al suelo porque cuando pongo un vídeo en clase lo veo de pie, al fondo del aula, apoyado en las perchas; así que en lugar de caerme me he quedado colgando.

Stephen Hawking nos habla del satélite joviano Europa: “Es muy pequeño, apenas mide 1.300 Km de diámetro. Y muy frío: 260 grados bajo cero”.

Y el documental ha seguido.
Ni el ordenador ha explotado, ni los alumnos se han puesto a gritar, ni el universo ha dejado de expandirse.

¿Me lo repite? ¡Doscientos sesenta grados bajo cero! ¿Pero usted sabe lo que dice?

En cuanto he llegado a casa he oído la versión original.

Water is very common in the universe”.

Vale. No aparece la palabra elemento. Es un añadido del traductor, que ha creído que así embellecía el texto. No distingo si me quedo más tranquilo o más horrorizado.

Europe is very cold: minus two hundred and sixty degrees”.

Vale. Así, sí.
Al oírlo en inglés sí que me cuadra eso de “menos doscientos sesenta”.
Así, sí. Porque si oigo una voz que habla en inglés, sé que el que está hablando tiene dentro de la cabeza un cerebro QUE PIENSA EN GRADOS FAHRENHEIT.
Pero mis alumnos tienen dentro de la cabeza un cerebro QUE PIENSA EN GRADOS CENTIGRADOS. A ellos hay que decirles que Europa se encuentra a 160 grados bajo cero.

Fuera de contexto, “two hundred and sixty” se traduce “doscientos sesenta”, claro que sí.
¡Fuera de contexto!

Pero aquí hay un contexto. Estamos hablando de temperaturas. Cuando un hispanohablante oye “260 grados bajo cero” su cerebro procesa “260 grados centígrados bajo cero”.

Es lo que ha intentado procesar mi cerebro al oír el vídeo tan exquisitamente traducido, y casi se me cuece dentro del cráneo. Esa temperatura que no me atrevo a repetir sólo está 13 grados por encima del cero absoluto. Cualquier persona con sensibilidad científica oye eso y le entran espasmos. Semejante temperatura no se alcanza ni en el polo norte de Plutón.
En Europa, el límite invernal polar registra 55 grados por encima del cero absoluto.

¡Oh, my God, qué terrible sospecha!
¿Y si resulta que el traductor no sabe qué es el cero absoluto?

Lo dejo aquí. Es una batalla perdida.
“A lost battle”, que dirían los aficionados a traducir palabra por palabra, a ver si así sale una frase bonita. Eso si no hay alguno que prefiere “One battle lost”, que tampoco me extrañaría. O incluso “One battle losted”, que casi suena bíblico.
“A losing battle”, por si alguien se queda con la duda.
“I am fighting a losing battle”. Estoy librando una batalla perdida.

Y los alumnos, ¿qué dicen?
Que les ha gustado la peli. Que Stephen Hawking les parece un tío guay. Que la escena de los espejos rodeando una estrella hasta taparla es chupi y mola mazo.

Pues nada. Todo el mundo contento.
¿Qué os parece si lo traduzco así? “Entire the world cheerful”.
Fantástico. Como los “4.5 billions” traducido “4’5 billones” y a correr, claro que sí.
¿Qué hay de nuevo, María?

Y las comas y los puntos también los he puesto como se debe, que conste.

Si escribiese en inglés, entonces sí que tendría que poner 4.5 y 4,500 en lugar de 4’5 y 4.500. Pero no estoy escribiendo en inglés, estoy escribiendo en español; o sea, en el idioma en el que mis alumnos intentan procesar la información. Toda la información. Incluso la mal traducida.

Distinto idioma implica – aunque no necesariamente – distinto criterio al escribir los points, digo los dots, digo los o'clocks... digo... ¡los puntos y las comas!
Lo dicho, a losing battle.

A pesar de lo cual, a pesar de que sé que esta batalla está incluso más perdida que la guerra de los títulos, voy a proponer unos ejercicios de traducción por si alguien siente la tentación de ponerse a prueba a sí mismo.
Antes, he aquí las fórmulas para pasar de grados Fahrenheit a grados centígrados y viceversa.



Si os ponéis manos a la obra, no traduzcáis palabra por palabra, os lo suplico. Traducid la idea, que es de lo que se trata.


Exercises:

1/ The temperature at the surface of the sun is about 10,000 Fahrenheit. The temperature rises from the surface of the sun inward towards the very hot center of the sun where it reaches about 27,000,000 Fahrenheit.


2/ The human brain has from 10 billion to 100 billion neurons.


3/ On the side of the moon that the sun is shining on, the temperature reaches 260 Fahrenheit. That is hotter than boiling. On the dark side of the moon, it gets very cold, -280 Fahrenheit.


4/ This water is very hot: two hundred degrees.


5/ In 3.5 billion years from now, the Sun will be 40% brighter than it is today.



Soluciones razonables:

1/ La temperatura en la superficie solar es de unos 6.000ºC. Dicha temperatura se va incrementando a medida que nos internamos desde la superficie hasta el abrasador centro del Sol, donde se alcanzan alrededor de 15.000.000 ºC.

2/ En un cerebro humano hay entre 10.000 y 100.000 millones de neuronas.

3/ En la cara de la Luna iluminada por el Sol, la temperatura alzanza 125 ºC, más caliente que el agua hirviendo. Por contra, en la cara oscura, el frío es muy intenso: 170 ºC bajo cero.

4/ Esta agua está muy caliente: a 93 grados.

5/ Durante los próximos 3.500 millones de años, la luminosidad del sol aumentará un 40%.


¿Has traducido bien todas las cifras? ¿Sí? Alabado sea el cielo. Qué alegría me acabas de dar.

7 comentarios:

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  3. Saludos.

    Me tiene ud. encantado con su blog. Tanto, que me permito compartirle la propuesta de un físico, antiguo maestro mío en la universidad. Sugería dicho profesor que no se refiriera uno a los grados Celsius como 'centígrados' puesto que la "lógica" de los múltiplos de cien no les es exclusiva, la escala Kelvin también se comporta "de manera centígrada" (los grados Farenheit, en cambio, no). ¿Qué opina usted?

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    1. Tiene usted mi palabra: jamás de los jamases se me había ocurrido pensar en ese detalle. Por supuesto, su profesor tiene razón. Y muchas gracias por ese fantástico elogio con el que empieza usted su comentario. Observación: como me trata de usted, hago lo mismo; pero la verdad es que suena raro. Un abrazo.

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  5. Me disculpo por la multiplicidad de los comentarios. He querido editar mi único comentario mas, al no hallar tal opción, pretendí hacer borrón y cuenta nueva. Algo, fuera de mi control, salió mal.

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    1. Si supieras la cantidad de veces que me equivoco yo al cabo del día...

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