sábado

6: Los calendarios de Asimov

Explicaba en mi anterior entrada sobre CIENCIA que cuadrar un calendario terrestre que respete el ciclo solar, el ciclo lunar, la inclinación orbital, los caprichos de los césares y las imposiciones del Génesis, todo a la vez, es imposible.
Y decía que iba a explicar en qué consisten los dos calendarios propustos por Isaac Asimov; primero, el que sería más sensato si nos quedásemos a vivir en la Tierra; segundo, el que lo sería si nos marchásemos a vivir al espacio.
Insisto en que son invento suyo, aunque existan otros parecidos.

UNO

El calendario sensato para seguir viviendo en la Tierra empieza por dividir el año en cuatro estaciones en lugar de dividirlo en doce meses.
Si cada estación tiene 91 días ocurren dos cosas muy interesantes. La primera: es muy fácil cuadrar un calendario perpetuo, que consistiría en repetir este esquema cuatro veces, una por estación. No se pueden llamar verano, invierno, porque en cada hemisferio van a la contra. Asimov, como buen cabeza-cuadrada, perdón, como buen científico, propuso llamarlos de la manera más simple posible: A, B, C, D. Cualquiera de las tres estaciones quedaría así:


Las ventajas son tan evidentes que citaré solo unas pocas:
- los 6 ejercicios de la entrada anterior se simplifican notablemente.
- los turnos de trabajo se pueden dejar cuadrados de una vez para siempre.
- los que se dedican a calcular estadísticas económicas no tendrían que andar quitando y poniendo días en sus cálculos trimestrales, semestrales o anuales.

Sin embargo, el sistema tiene una inexactitud: cada año estamos contando 4x91 días, que son 364. Falta uno para completar el año solar. Mejor dicho, falta uno coma veinticinco.
Apliquemos la solución egipcia: tras el 91 de la cuarta estación celebramos el día mundial del amor fraterno, que no está en el calendario ni falta que hace: es un festivo universal. Y en los años bisiestos, ese festivo dura 48 horas.
Con el nombre que acabo de inventarme, "Día Mundial del Amor Fraterno", ¿le podrá parecer mal a alguien?
Sí, sí que le puede parecer mal a alguien: estas opciones que implican tener días que no pertenecen a ninguna semana o mes disgusta a las personas que por motivos religiosos cumplen con un día de descanso cada siete. ¿Se puede solucionar de alguna manera? Lo único que se me ocurre es que acepten un día de descanso al año que en lugar de 24 horas dure 48. Tampoco me estoy inventando nada: el día de año nuevo judío se llama así, día de año nuevo, pero abarca dos días y dos noches, ¿o no?

Además, habría que elegir un momento para empezar la cuenta.

¿Estamos por la labor de ponernos de acuerdo y empezar a contar todos a partir de una misma fecha? Evidentemente, no.

De hecho, mientras estoy escribiendo se usan en la Tierra más de treinta sistemas calendáricos distintos, y cada uno empieza a contar en una fecha muy curiosa: para el dueño del calendario es de importancia crucial y para el resto de la humanidad es una fecha vulgar. Así, por poner unos pocos ejemplos, hoy es

en el calendario gregoriano, 27-Diciembre-2012,
en el calendario juliano, 14-Diciembre-2012,
para los hebreos, 14-Teveth-5773,
para los musulmanes, 13-Safar-1434,
para los que usan el calendario persa, 7-Dey-1391,
para los mayas, 13 0 0 0 6, 9 Kankin, 10 Cimi,
para unos hindúes, 6-Pausa-1934,
para otros hindúes, 16º día del 14º mes del 17º año del 9º ciclo de la 1ª era,
en el calendario republicano francés, 7-Nivôse-221,
según la norma ISO 8601, 2012-52-4,
día gregoriano, 362-2012,
día juliano, 2456288,
día juliano modificado, 56288,
según el contador universal de tiempo UNIX, 1356566400,
Microsoft excel serial day, 41270,
Macintosh excel serial day, 39808.

No sé, no sé... Igual sí que merece la pena que nos pongamos de acuerdo en cambiar este cóctel por una bebida más sencilla.


DOS

Isaac Asimov planteó en la década de los 90 una propuesta reformista para la medición del tiempo más osada aún que el calendario perpetuo de cuatro estaciones.
Como no tiene desperdicio, copio entero el artículo de Isaac Asimov. Si alguien me acusa de plagio es que es muy tonto; lo estoy poniendo bien clarito: de aquí en adelante el autor es Asimov; copio un artículo suyo entero, ¿sí, está claro?
Puede que alguien lo haya leído ya y lo encuentre raro, cambiado, extraño… Es normal: esta redacción del artículo es la mía, no la que se publicó en un MUY INTERESANTE de hace casi veinte años y que me parece horrible; por ejemplo, nosotros no decimos “tres punto doce”, decimos “tres coma doce”. Ay, qué poco mérito tienen las traducciones "al pie de la letra", qué mal suenan al leerlas en voz alta…

Le dedicaré una entrada al tema de las malas traducciones inglés-español, con su horror máximo a la cabeza: la pareja billion-billón. Si es que no puede ser... se ponen a traducir asuntos científicos sin haber cursado nada que huela a ciencia y cuando leen "The Sun was formed 4.6 billion years ago" se quedan tan campantes traduciendo así "El Sol se formó hace 4.6 billones de años". Mientras lo tecleaba yo me temblaban los dedos, no me obedecían, se negaban a escribir semejante dislate. He acabado por teclearlo con los pies ("with the foots", diría alguno que yo me sé...)

Vamos con el artículo de Asimov, maravillosamente bien redactado por mí (como no me aplaude nadie, me aplaudo yo)

Otro inciso: ahora viene cuando se cabrean los de MUY INTERESANTE. Venga, va, no os mosqueéis; me gusta mucho vuestra revista, en serio. Pero el asunto de las traducciones literales...


<<< LA COLONIZACIÓN DEL ESPACIO Y LA MEDICIÓN DEL TIEMPO (Isaac Asimov)

Colonizar el espacio produciría cambios inesperados en la sociedad.
¿Qué efecto tendría, por ejemplo, en nuestros hábitos y costumbres a la hora de medir el tiempo?


El sistema actual es un complicado galimatías que depende de los accidentes astronómicos y que se basa en 5000 años de hábitos primitivos.


La duración del día es, naturalmente, el periodo de rotación de la Tierra alrededor de su eje, mientras que el año es el periodo de revolución alrededor del Sol. Ambos, día y año, ya no se avienen bien uno con otro, porque 1 año equivale a 365 días y un cuarto, lo cual complica mucho el establecimiento de un calendario. Si a esto añadimos el mes, que en su origen marcaba el período de revolución de la Luna alrededor de la Tierra, y la semana, que originalmente marcaba las 4 fases de la Luna, la situación se hace casi desesperada. Por si lo anterior fuese poco, dividimos el día en 24 horas, la hora en 60 minutos y el minuto en 60 segundos.


Ahora bien, una vez que la humanidad conquiste el espacio, ¿de qué le servirá nuestro enrevesado sistema de medición del tiempo? En las bases espaciales el año carecerá de estaciones, pues los habitantes podrán ajustar la luz a su gusto, por lo cual no habrá razón para mantener deliberadamente un año en el que los meses no cuadran de manera perfecta. Tampoco habrá ciclo lunar que dé sentido a los meses y a las semanas; e incluso el día será artificial, pues la alternancia entre luz y oscuridad podrá ajustarse a voluntad.
Si pensamos en la gente que viva en otros mundos naturales, no cabe duda de que las cifras heredadas de la astronomía terrestre serán irrelevante. Por ejemplo, el día dura aproximadamente 24 horas en Marte, como aquí, pero el año marciano es casi dos veces el nuestro. En la Luna, el año es igual de largo que en la Tierra pero el día dura dos semanas.
Podría ser que los habitantes de distintas regiones espaciales quisiesen conservar el absurdo calendario terrestre por puro sentimentalismo o porque facilitase las relaciones económicas y culturales con la Tierra. Pero tarde o temprano surgiría un movimiento a favor de la implantación de un esquema racional, de un sistema que no esté ligado a los movimientos de un único planeta. Este esquema racional podría utilizarse en la vida cotidiana en el espacio. Por supuesto, un ordenador podría convertir fácilmente las fechas de un esquema a otro, si en un momento dado hiciese falta.


¿Cuál sería el esquema racional? He aquí mi propuesta.


Para empezar, podríamos mantener el día tal como está, no por su conexión con la Tierra, sino porque los seres humanos estamos adaptados a un ciclo natural de ritmos biológicos cuyo periodo es de 1 día poco más o menos; estos ciclos se llaman ritmos circadianos. Ahora bien, en lugar de dividir el día en 24 partes y estas a su vez en 60, aplicaríamos el sistema decimal y lo dividiríamos en décimas, centésimas, milésimas y diezmilésimas.
Una centésima de día son 14'4 minutos, prácticamente un cuarto de hora. Hay mucha gente que para las actividades ordinarias no necesita mayor precisión. Si uno pregunta “¿Qué hora es?”, la respuesta “cero coma setenta y dos” podría ser suficiente y significaría que han transcurrido 72 centésimas del día. Si aceptamos que el día comienza a media noche, sería el equivalente de las 17:17.


Si se necesita mayor precisión, podríamos dar el tiempo en milésimas o incluso en diezmilésimas. Una milésima de día equivale a 1’44 minutos y una diezmilésima a 8’64 segundos. Una precisión de diezmilésimas de día (“son las cero coma setenta y dos treinta y cuatro”) sería más que suficiente a todos los efectos, incluso si no queremos perdernos algo tan sensiblemente puntual como el despegue de una nave espacial.


La gente no tiene el hábito de dar el tiempo en forma decimal, por lo cual puede que haya un periodo de transición en el que resulte más cómodo usar nombres: por ejemplo, a una centésima de día podemos acordar llamarla "un rato" y a una diezmilésima "un instante". 

Así, si a uno le preguntan la hora podría contestar que son las “23 ratos y 42 instantes”, lo que significa que de hoy han transcurrido 0’2342 partes del día y son lo que ahora llamamos las 5:37 de la mañana.


En cuanto al calendario, 100 días podrían agruparse en una “estación” (E) y 100 estaciones, en una “generación” (G). Puesto que 100 estaciones (1000 días) serían casi 27’5 años terrestres, tendríamos de manera aproximada la cantidad de tiempo que entendemos normalmente por “una generación”.
Solo haría falta acordar el momento a partir del cual empezamos la cuenta. Una vez tomado el acuerdo, podrían concretarse las fechas de esta forma: "15G, 84E, 06D". Incluso, una vez arraigado el sistema "G-E-D", simplemente diríamos 15-84-06.


En esencia, no estaríamos haciendo ni más ni menos que contar días; en la fecha del ejemplo, estaríamos diciendo que han pasado 158.406 días a partir de un origen de fechas arbitrario, previamente acordado.


Si quisiéramos situar un acontecimiento con segundos de aproximación, lo diríamos, por ejemplo, así: el 15-84-06 a las 0’0487, o así "a los 4 ratos y 87 instantes del día 15-84-06".


Todo esto suena un poco raro porque no estamos acostumbrados; pero cuánto nos facilitaría los registros del tiempo y qué conveniente sería, por mil razones, una vez que nos habituáramos. >>>


Este último método propuesto por Asimov es equivalente a la cuenta larga de los mayas, con la diferencia de que ellos contaban en base 20. Por lo demás, las ventajas son las mismas. Saber en qué fecha cae mi centésimo cumpleaños se vuelve trivial (y siempre cumpliré años en lunes); saber a qué fecha corresponde si quedamos dentro de 500 días, también se ha vuelto trivial; usando este calendario, saber cuántos días llevo vivo sólo requiere una resta.

Empezando el 21-12-2012, hoy 27-12-2012 quedaría 07-A-01 con el método del calendario perpetuo y 00-00-07 con el método espacial.

Sólo de escribirlo siento alivio. Si lo usásemos en lugar de nuestro calendario babilónico-egipcio-alejandrino-juliano-gregoriano-judaico-cristiano, creo que con cinco días de celebración haría corto.

Por cierto, si nos quedásemos a vivir en la Tierra adoptando el calendario perpetuo de 91 días por estación, ¿cuál sería mi propuesta para ese día que se queda fuera del calendario?
Antes he dicho que podíamos llamarlo "Día Mundial del Amor Fraterno" pero también me gusta la opción "Día para el Examen de Conciencia".

Ya oigo a mis críticos: tanto repetir que tienes la cabeza más cuadriculada que un tablero de ajedrez, tanto blog sobre CIENCIA, tanto repetir que lo ves todo con ojos de ingeniero, tanto rollo dedicado a la racionalización del calendario, y ahora nos sales con esta idea del examen de conciencia, que es una idea religiosa se mire por donde se mire. ¿Serás capaz de darle una explicación a esta incongruencia?

Sí, soy capaz.
El refranero español siempre tiene razón, y en una de sus sentencias nos recuerda
Lo cortés no quita lo valiente
Sentencia, dicho sea de paso, que constituye uno de los pilares fundamentales de la mentalidad samurái: valentía (勇 Yuu)  y cortesía (礼 Rei) deben ir indisolublemente juntas.
Le tengo que dedicar una entrada a las siete virtudes del bushido. Pero en otra sección. Y en otro momento. Voy a echarle un vistazo al calendario, a ver cómo voy de tardes libres.

5 comentarios:

  1. Muy Bueno!!! mil gracias! el día del Amor Fraterno existe en el calendario maya, es el Día Sin Tiempo (26 de julio).
    Pero no me parece llamar a las estaciones/meses A_B_C y D!!! muy feo! sugiero Verano Sur/ Invierno Norte, aunque no sea tan práctico... prefiero festejar mi cumpleaños el 20 del Invierno Sur (que de paso indica un poco mi ubicación en el planeta!) saludos y gracias otra vez...

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  2. Día 75 del Invierno Norte sería tu cumpleaños, ves que queda más hermoso de esta forma? la belleza es importante! jajaja!!
    Y yo lo empecé a contar cuando cambia la estación, el 21 de diciembre (aunque la estación no suela acomodarse a esta convención...)

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  3. La idea de llamarlos A, B, C, D es la que propuso Asimov. Es obvio que de poético tiene bien poco, pero sería muy práctico. Gracias por tus comentarios. Un abrazo.

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  4. Supongo que la publicación Muy Interesante a la que te refieres es mexicana, donde, en desapego a las reglas de la Real Academia Española, utilizamos el punto para separar los entes de los decimales, y la coma para separar los millares.

    Felicidades por la excelente entrada.

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  5. La verdad es que en las publicaciones españolas se ve una influencia estadounidense cada vez mayor; no sólo en el hecho que tú apuntas: cada vez se ven más números escritos con la coma y el punto siguiendo el criterio anglosajón en lugar del nuestro; también en el hecho de que la palabra billón se usa como si se correspondiese con la inglesa "billion". En este descuido caen muchas revistas publicadas en España y supongo que en México (creo que lo he escrito bien) la influencia estadounidense debe notarse más aún que aquí: son muy poderosos y los tenéis muy cerca.
    Muchas gracias por tu amable comentario.
    Un abrazo desde Zaragoza.

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